Finale: Presto, stringendo alla stretta

Arriba: Barrio Chino, Belgrano, Buenos Aires

¿Cómo termina, finaliza, concluye una atención psi en la institución hospitalaria? La denominemos análisis en dicho marco, o bien otra designación que pueda tener en cuenta los principios esenciales del legado freudiano – una ética que espera poner en juego el inconsciente – y deseche o sortee los obstáculos perennes de la sugestión, el desconocimiento de los resortes de la transferencia o el propósito adaptativo, la expectativa de cierre no podría estar ausente al menos del horizonte descriptivo, como indica y señala la célebre metáfora de la apertura y cierre de la partida de ajedrez 1. Desde luego, no envuelve este planteo la posibilidad de una generalización de alcances extendidos, ni mucho menos.

Ante todo, un hecho en apariencia simple: una cantidad significativa de los esfuerzos terapéuticos institucionales encuentran su finalización en el sencillo cese, sin más, de concurrencia del que ha demandado asistencia a su horario habitual y concertado con el que se ha encargado de conducir ésta. Reflexiones o supervisiones a posteriori habrán de encargarse, en lo que se espera, de desentrañar las razones de la interrupción, que el tiempo se encarga en lo sucesivo de sancionar como definitiva. No es posible dejar de asociar la crítica de ácida ironía que esgrimiera el temprano sistémico Jay Hayley como arsenal en su – asimismo “sistemático” – cuestionamiento al psicoanálisis (al menos en su ya desgastada versión estadounidense de los ´60s): “entre el cincuenta y el setenta por ciento de los pacientes anotados en listas de espera – y sabemos que no habrá, probablemente, servicio hospitalario que no cuente con ellas o las esgrima – …no sólo ya no desean tratarse al terminar el período de espera, sino que además se han curado realmente de sus problemas emocionales… 2 (lo que sigue, desde luego, presenta a la psicoterapia como desesperada lucha adaptativa en pos del poder, destinada a fracasar invariablemente hasta ser finalmente abandonada, esto es, un modelo que no deja de inquietar por su carácter en sí de síntoma)

mujer

Remedios Varo: Mujer saliendo del psicoanalista, Museo de Arte Moderno, México D.F.

Pero ¿existe algún rumbo, un derrotero, un “aim”, o bien un punto virtual, un “goal” – por utilizar ambas referencias que Lacan emplea para desbrozar el circuito de la pulsión – que puedan localizarse como jalones de la conducción de nuestra práctica? 3 Una rápida respuesta podría presentarse de modo “automático”: “aliviar el sufrimiento”. Réplica de escasos alcances, si se tiene en cuenta que el síntoma tiene al menos dos vertientes, hacia la pulsión (lo Real) y en pos de su elaboración significante, por la que es necesario transitar de pieza en pieza – aún admitiendo diferentes posiciones para llevarlo a cabo – sea cual fuere la estructura a considerar 4.

“Es nuestra castración” hubiese dicho Françoise Dolto de nuestra casi necesaria ignorancia a posteriori de lo que sigue a un final, o de sus ulteriores efectos o manifestaciones (aún si su extensión del concepto nos pudiese parecer excesiva). Alguna vez una circunstancia accidental puede brindarnos un esclarecimiento fortuito. Me encontré una vez caminando rumbo a mi consultorio vespertino cuando una voz me hubo de interpelar con un inequívoco “¡Doctor…!”. Volví mi mirada hacia el individuo que se había dirigido a mí de tal modo, y hube de encontrarme con el “predicador” cuyos incidentes – y particular restitución de lazo social – relatara en un artículo anterior 5. Acompañado por su hijo (de ocho años, a quien ya había traído a uno de nuestros encuentros en el hospital mientras concurría) y en su lugar en la fila de una parada en la que aguardaba un ómnibus, me relató que hubo de detener sus venidas – mientras prosiguió en ver una vez al mes al psiquiatra que efectuó la derivación, el mismo que le proveyese la medicación que continuaba tomando, en un centro de salud mental – para concentrarse entonces en terminar su secundario, lo que no se hallaba lejos de alcanzar.

Es posible componer o construir la hipótesis, tras la fachada manifiesta de la nueva actividad que aduce, de la pérdida en intensidad y significación de la figura a quien ha recurrido durante tanto tiempo con regularidad. Situación, circunstancia y escenario que no se hallan distantes de una analogía con la creciente documentación concerniente al final, que atraviesa las instituciones analíticas desde la “Proposición” lacaniana, sobre el siempre discutido pase. Sin embargo, tratándose, pues, de una aproximación más que de una equivalencia, estableceremos el símil con un “pase supuesto” que menciona Diane Chauvelot: “…el vacío del fin de análisis, la bastardización del afecto… este nuevo vacío necesita que uno se asegure de él, que se hable de él… es des-ser para el analista, des-investido, des-amado, des-supuesto, pero sin embargo detenta el saber sobre el semblante que debe sostener: es a éste que se hace la identificación, al analista definido como rechazado…” Que esta circunstancia suceda a veces con más premura de lo que pueda esperarse (al menos desde uno de los lados del encuentro, por cierto no porque el psi se incline o doblegue ante un inflexible mandato institucional de velocidad o de resultados – u “objetivos” – inmediatos) es lo que anticipa el título que hemos elegido…

No es azaroso, por otra parte, que tratándose de un caso de psicosis la conducción de la cura y la consideración de la transferencia envuelta en el proceso hayan tenido parámetros diferentes, en tanto el saber se ha encontrado y contenido en el delirio mismo como tentativa – bastante exitosa, hay que mencionarlo – de curación 7.

Y sin embargo, en el relato de este “final” nos hallamos lejos de las idealizaciones con las que diferentes variantes del post-freudismo ha querido teñir la conclusión de un análisis, la “clínica de la salida” como la nombra Colette Soler, al mismo tiempo que descarta aquéllas. De hecho su recorrido por la historia del psicoanálisis – examinando a Melanie Klein, Winnicott, y muy especialmente a Balint, no cesa en su intento de separar la proximidad a la transmisión freudiana (expuesta en el testamento de Análisis terminable e interminable), de lo ilusorio 8. Lo que no obsta para que siga con validez el corolario de Ferenczi: el análisis no es un proceso interminable sino que… puede llevarse a un fin natural; si se me preguntara si puedo señalar muchos de tales análisis felices, mi respuesta tendría que ser no 9.

Llegamos así a la stretta empeñada al comienzo, para referirnos a otra acepción – bastante más siniestra – del “fin” del análisis, esto es, de la posibilidad de su desaparición futura, amenaza que no deja de insistir desde ciertos parapetos “científicos” actuales; los que a la vez proponen que la “psicoterapia” no es sino irrelevante frente a una causación neurobiológica enlazada en su esencia a una cronicidad psico-farmacológica sentenciada como interminable, tan fuera de cuestión como el DSM que se esgrime para sellarla 10. Sostener el alojamiento de la subjetividad envuelve a su vez la responsabilidad de no aislarse en un hermetismo institucional que impida el replanteo personal constante, in praxi, de aquellos aciagos supuestos.

 

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 42

complejo de edipo dali1930_13

Salvador Dalí: El Complejo de Edipo, 1930

_____________

1 Freud, S., Sobre la iniciación del tratamiento (1913), G. W., Fischer, Frankfurt, 1960, p. 454

2 Haley, J., El arte de fracasar como terapeuta, en Tácticas de poder de Jesucristo y otros ensayos, Editorial Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1972, p. 71

3 Lacan, J., Le Séminaire, Livre XI, Les quatre Concepts fondamentaux de la psychanalyse, Seuil, Paris, 1973, p. 163

4 Verhaeghe, P., Declerc, F., Lacan´s goal of analisis: Le Sinthome or the feminine way, en Thurston, L. (ed.), Essays on the final Lacan: Re-inventing the symptom, Other Press, New York, 2002, pp. 59-83.

5 Neuburger, R. P., El particular lazo social del psicoanálisis en la institución hospitalaria, Psicoanálisis y el Hospital, No. 39, p. 140. Se narra allí: …un paciente psicótico, que arrastra con desenvoltura y sin decaimiento extravíos religiosos que no le impiden determinada exactitud en sus investigaciones biográficas e históricas, ni le han obstaculizado – durante un tiempo limitado, es cierto, y ya pasado – un eficaz desempeño como predicador…La sesión no carece del ritmo habitual: el delirio impregnado de culpa – la tentación de insultar al Creador siempre acecha, aún atenuada e infrecuente en el momento actual de la cura – es expuesto sin desborde de angustia y ya como una presencia bienvenida. Asisto al desarrollo de un rutilante y cautivador desfile de inmaculados santos, abnegados mártires e intachables virtuosos a los que dedico – en silencio – una atenta aunque escéptica, inflexible y agnóstica incredulidad.

6 Lacan, J., Proposition du 9 octobre 1967, http://espace.freud.pagespro-orange.fr/topos/psycha/psysem/propass1.htm ; Chauvelot, D., La passe supposée de Freud (Syracuse 1910), Ornicar ?, No. 12/13, Lyse, Paris, 1977, p. 131

7 “Dada la imposibilidad de dialectizar y la certeza absoluta del sujeto psicótico, la interpretación es imposible. La transferencia es a la vez monolítica y ambivalente; el terapeuta es o bien un perseguidor o un aliado” (Verhaeghe, P. On Being Normal and Other Disorders, Other Press, New York, 2004, p. 456. Además de “estar convencido de que los pacientes psicóticos no podían desarrollar relaciones de transferencia” (Verhaeghe, ibid), Freud había advertido minuciosamente el peligro de desmontar un precario – pero eficaz – anudamiento significante en una carta a Edoardo Weiss del 12 de febrero de 1924: “O bien Ud. ha tenido la mala suerte de tropezar con un paranoico latente y, tras la cura de su neurosis, abrir el camino a la afección más grave” Freud, S. – Weiss, E., Cartas acerca de la praxis psicoanalítica, Fischer, Frankfurt, 1973, p. 63

Immagine mostra. Umberto Saba. La poesia di una vita

Edoardo Weiss (Trieste 1889-Chicago 1970)

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Arturo Nathan (analizante de Edoardo Weiss, Trieste 1891-campo de concentración de Biberach 1944): La estatua solitaria

8 “…la restauración de su yo (…), llegando hasta la armonía y… la unificación de sus pulsiones. Todo esto decimos que son idealizaciones…” Soler, C., Fines del análisis, Historia y teoría, en Finales de análisis, Manantial, Buenos Aires, 2011, p. 24. Una revisión similar – que incluye un comentario detallado del texto de Freud – puede encontrarse en Comment finissent les analyses? Textes réunis par l´Association Mondiale de Psychanalyse, Seuil, Paris, 1994, pp. 15-90. Hemos advertido ya que no se nos escapa que no hemos propuesto un « final » para la tarea institucional, posible de constituirse en tanto general; y es que si Freud y Lacan lo plantearon para el análisis – sea la decisión con respecto al goce pulsional, la separación, el atravesamiento del fantasma, la identificación con el síntoma, un nuevo significante sin sentido… ambos sabían que el riesgo de una idealización no dejaba de acechar.

9 Ferenczi, S., El problema de la terminación del análisis, en Problemas y métodos del psicoanálisis, Hormé-Paidós, Buenos Aires, 1966, p. 76

10 Verhaeghe, P., Chronicle of a death foretold: the end of psychotherapy, http://www.dcu.ie/health4life/conferences/2007/resources/Health4Life2007_Keynote_Paul_Verhaeghe.pdf. Del énfasis falaz en la supuesta “cientificidad” de la causalidad neurobiologica deriva la des-responsabilización concomitante; la transformación o aparición de “nuevas” psicopatologías (aún cuando no fuesen más que envolturas formales) exigen diferentes enfoques terapéuticos, que pongan a prueba, más allá de su posible eficacia, su rigor metapsicológico.

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