About Roberto P. Neuburger

Arriba: Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina

Roberto P. Neuburger

Psicoanalista

Médico especialista en Psiquiatría  (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Medicina, Ministerio de Salud Pública)

Médico psiquiatra, psicoanalista, Centro de Salud Mental No. 1, “Dr. Hugo Rosarios”, Manuela Pedraza 1558, Buenos Aires, Argentina

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Médico psiquiatra de planta, Hospital General de Agudos “Dr. I. Pirovano”, Monroe 3555, Buenos Aires, Argentina

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Ex-Residente en Psicopatología, Hospital “Evita”, Lanús, Provincia de Buenos Aires (Jefe de Servicio: Dr. Valentín Barenblit)

Ex-miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires

Ex-miembro de APSA, Asociación de Psiquiatras Argentinos

Seminarios sobre Interconsulta Psicoanalítica en AASM, Asociación Argentina de Salud Mental

Ex-docente en 17, Instituto de Estudios Críticos, México D.F., México (Seminarios de Psicoanálisis)

Miembro del Jurado del Premio Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires

Ha publicado artículos sobre Interconsulta psicoanalítica en Psicoanálisis y el Hospital (Buenos Aires), Revista del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), Cuadernos Sigmund Freud (EFBA, Buenos Aires)Contexto en Psicoanálisis (La Plata), Inscribir el Psicoanálisis (Costa Rica), American Imago (EEUU), Journal for Lacanian Studies (Londres), RISS Zeitschrift für Psychoanalyse Freud-Lacan (Austria), Journal of European Psychoanalysis (Roma), Texte – Zeitschrift für Psychoanalyse (Berlin), Κλινική Ψυχοδυναμική (Atenas), Papers of the Freudian School of Melbourne, Психоаналитический Вестник (Moscú), L´Information Psychiatrique (Paris), Zeitschrift für psychoanalytische Theorie und Praxis (Frankfurt, Alemania – Assen, Holanda), Psychiatry and Clinical Neurosciences (Japón), Journal for the Psychoanalysis of Culture and Society (EEUU), Samiksa (India).

Árbitro de trabajos científicos para las siguientes publicaciones: Revista del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), Anuario de Investigaciones, Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), Revista Universitaria de Psicoanálisis, Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), Journal of European Psychoanalysis (Rome), Texte – Zeitschrift für Psychoanalyse (Berlin), (anteriormente: Journal for Lacanian Studies, Londres)

Dirección: Monroe 2385, C 1425 BLK Buenos Aires, Argentina

Consultorio: Virrey Olaguer y Feliú 2690, Planta Baja No. 1, Buenos Aires

Dirección: Virrey Olaguer y Feliú 2690

Teléfono: –541147835902;  –541147853212 (consultorio)
Móvil: 54111564777980

rneuburger@intramed.net

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Museo Fortabat, Buenos Aires

“El Amor Médico”

Freud y Lacan hablaron del amor – recuerda Paul Verhaeghe 1, y a continuación señala lo extraño que puede resultar para el que espera una “exposición científica”. En efecto, cabe ubicar al amor en el mundo poético antes que en un orden discursivo que excluye la subjetividad. Aún en las llamadas “ciencias humanas”, dice, el énfasis debería ponerse en los “trastornos de relación” o “problemas de comunicación”.

¡Qué diferentes eran las cosas antes! En el συμπόσιον platónico, el médico invitado, Eryxímaco, no encuentra dificultades para llenar su turno al hablar desde el sitial de la Medicina. Si hay diferencias, al menos no hay discordia entre τέχνη, πράξη y επιστημή. Ni con la ποιήση, el resultado.

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Si – como señala Lacan en su extendido comentario – todos los discursos del περί έρωτος se hallan en clave de comedia, no nos extrañará que la grandilocuencia académica del personaje intente convencernos de la existencia de la armonía universal, de la ingerencia dela Ciencia en todo, de su irrefrenable alcance.

Como plantea Giannis Sykoutris 2, la voluntad de completud se halla en las primeras líneas de Eryxímaco, en las que éste lleva a cabo una crítica de la insuficiencia del discurso precedente (de Pausanías). El amor no debe reducirse al ser hablante, sino extenderse al cosmos entero; el llenado y vaciamiento del cuerpo hallan su correspondencia en la armonía del macrocosmos y su meteorología. Pero en la feliz confluencia amorosa del arco y la lira heraclíteas, del odio y la amistad empedocleicas, ¿no hay una imprecisión, una generalidad que nos deja un poco inquietos?

¿Qué haría un médico, hoy, si fuese invitado, durante un banquete – o en otro sitio – a discurrir sobre el amor en tanto médico?

No se trata de un retoño romántico o nostálgico: el amor, lo quieran o no, les sale al encuentro, los interroga, los concierne en uno u otro momento de su práctica.

Tal vez algunos tendrían un súbito ataque de hipo, otros dirían que la cuestión es de competencia del “psicólogo”, o – siguiendo los pasos de Eryxímaco – describirían los signos corporales visibles de la excitación amorosa…

Cuenta Sergio Benvenuto 3 que en el siglo 17, en la región alemana y flamenca, floreció una serie de imágenes para consumo popular: un hombre, con el hábito sombrío y bizarro de los doctores de dicho período, examina el pulso de una muchacha pálida, sin reparar en que su otra mano aferra una carta abierta. De igual modo, en la comedia de Molière cuyo título hemos tomado en préstamo, Sganarelle llama a no menos de cinco médicos para examinar a su melancólica hija Lucinda, pero la criada Lisette es la única que interpreta el territorio que a aquéllos les es ajeno 4.

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Y si lo saben, les está vedado admitirlo, como recuerda Freud de sus maestros médicos Chrobak, Charcot y Breuer: se trata menos de una muestra de coraje indomable – como lo quiere la épica hagiográfica postfreudiana – que del pasaje a otra estructura, con los elementos que la constituyen en distinta posición.

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Encuentro – por ejemplo – en la cotidianeidad del pasillo del Hospital, a un par de ginecólogos a quienes estuve – un rato antes – buscando enla Sala, en relación con la interconsulta que habían solicitado.

La paciente había entrado a la Guardiade Urgencia, en la que se le había practicado una anexectomía. Sus antecedentes incluían una inflamación pelviana, y se sospechaba un embarazo ectópico. Seguirá internada hasta tanto el informe histopatológico lo confirme o desmienta.

Necesitan hablar – el encuentro se prolonga significativamente – y asimismo mantener un ideal con el que se dé consistencia a la relación sexual. Los dos extremos del túnel freudiano, pulsión y deseo, deben encontrarse, jamás diverger, nunca discordar: Dios nos ha creado hombre y mujer. Convicciones, pues, con que hacer a un lado el hecho inoportuno e indeseable: todas las pacientes la desmienten, la niegan, o hasta la repudian.

En la oportunidad, la paciente de la Salala había descartado enfáticamente: al insistir los ginecólogos, admitió que hubo sólo dos o tres veces. Ellos asocian con chistes, con anécdotas, con historias de otras pacientes. Una de ellas se quejaba de falta de libido. Un torpe colega le recomendó que fuera a ver a un psicólogo obviando – imperdonable ceguera – la presencia de una severa deficiencia hormonal.

Efectivamente, el amor debe tener un soporte real, una sustancia de fórmula química descifrable, para sostenerse, perdurable, inquebrantable o incólumne. Ya que si el material es significante, su fracaso termina por gritar…

Volvamos a la paciente en cuestión.  Es visitada diariamente – comentan las enfermeras dela Sala- por su psiquiatra.

Entrevistamos a la mujer en el lugar en el que se halla: la cama en la que se halla internada. Allí,  – al tiempo que nos recibe con singular agrado y complacencia – nos cuenta su propia versión de la historia de su visitante. Se trata de un conocido sexólogo mediático, que le administra Prozac y Rivotril por sus ataques de pánico. No le cobra, ya que sabe que a causa de una acción legal – que relatará luego – carece de dinero y, por otra parte, ella trabaja para él limpiando su consultorio. Pero ella intenta tomar menos de las pastillas indicadas.

Al tiempo que se incorpora y retira la sábana que cubre sus piernas, comenta que dichos ataques comenzaron cuando su anterior pareja distribuyó entre la flota de remises que ella administraba, una fotografía que le tomó durante un encuentro íntimo, y en la que ella aparecía con el torso desnudo mostrando sus pechos. Comienza a llorar y relata que, para no aparecer reconocible, intentó desfigurar su cara (la propia, no la de la efigie) con autoagresiones. La imagen fue causa de su descrédito entre sus empleados y tuvo que cerrar la empresa; el juicio que le inició al que ocasionara tal vergüenza aún continúa, luego de innumerables peripecias.

La entrevista toca a su fin. Al ingresar ala Sala, como es habitual, la paciente queda inserta en su estructura, sus jerarquías, su organización y mecanismos. No es sólo un médico, sino una pléyade de profesionales que la conocerán, al menos como soporte de una supuesta “enfermedad” (la inversa – que la “enferma” recuerde a sus asistentes – no siempre se aplica, en tanto la curiosa y enigmática “transferencia institucional” omite, desde el lado del paciente, nombres e individualidades). Residentes, médicos de planta, jefe de sala, especialistas, se suceden o alternan en un desfile que se interrumpe con el alta y egreso del Hospital.

En efecto, al regresar a la Salaal día siguiente, la paciente ya no está. El médico de planta correspondiente la ha citado en Consultorios Externos para su seguimiento.  El propósito de la interconsulta, es decir, despejar la extrañeza del “aspecto psiquiátrico”, cuerpo ajeno parala Ginecología, se considera documentado y resuelto.

En otra oportunidad, acudo a la Salade Clínica. Se requiere un diagnóstico en el caso de una mujer de treinta que presenta convulsiones, de las que se sospecha que son en realidad conversiones. Casi no habla (o afirma no recordar nada en absoluto), su estado general no es bueno, se hace bañar por la madre. Esta última refiere una historia en la que los hombres sólo juegan el rol de dadores de hijos (la paciente tiene uno de tres meses) en fuga, y las mujeres de regentes (ella misma) o de rivales (las asistentes sociales que quieren apoderarse de la criatura, contra las que enuncia toda suerte de epítetos).

La residente que me comenta el caso, como en un aparte, añade: y acosó sexualmente al residente de guardia. Pero inmediatamente agrega que no, que no la escuchemos, que borremos ese dato, que no pasó.

Encontramos a la víctima – el joven acosado -, que nos comenta que – en efecto – la paciente le dirigió palabras amorosas. Pero el diagnóstico ¿no comienza acaso a perfilarse?

El dato a borrar está en los bordes, o fuera, de la percepción dela Ciencia; desperdicio, chisme irrelevante, indigno de los procedimientos válidos de anamnesis.

Y es que lo real del amor, el abismo corporal de la pulsión, debe ser mantenido a raya por el discurso que simula contenerlo. El del médico, precisamente ordenando lo que debe ser, el Sollen al que hace referencia Canguilhem en su tesis,en un ideal de dominio, lo que determina tanto su necesidad como la imposibilidad que resulta, el resto que no se deja enlazar.

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¿Y el analista? O precisamente, ¿el analista intentando realizar su práctica en jurisdicción de hegemonía médica? En amores, aún los de transferencia, ya Freud advierte que no es cuestión de llamar al Demonio para luego señalarle la puerta de salida. Y Lacan exige, además, que tenga tetas como Tiresias o Thérèse 5. Pero entre la transferencia del médico y la del paciente, tal vez su situación sea similar a la de Madeleine 6, preguntándose a sí misma acerca de la conclusión: ¿hay alguna que no sea trivial?

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Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 22, noviembre 2002, p. 34

__________

* Psicoanalista, Hospital General de Agudos “Dr. I. Pirovano”

1 Verhaeghe, P., Love in a time of loneliness, Rebus Press, Londres, 1999

2 Sykoutris, Giannis, Prólogo (a: Platon, Banquete), ed. Academia de Atenas, Estías, Atenas, 1995

3 Benvenuto, S. The Crisis of Interpretation, Journal of European Psychoanalysis, No. 6, 1998, p. 33

4 Acto I, escena 3

5 En el “drama surrealista” de Guillaume Apollinaire y Francis Poulenc, Les mamelles de Tirésias.

6En la escena final de la “pieza de conversación musical” de Clemens Krauss y Richard Strauss, Capriccio. Serge André (Que veut une femme?, Navarin Éd., Paris, 1986, p. 247), refiriéndose a la formulación de Encore (l’amour, c’est de la poésie) señala que Sócrates, entre Agathon y Alcibiades, se rehusa a substantificar el objeto amoroso. Por su parte, la galante condesa straussiana juega su posición entre la poesía y la música, ambas metáforas vacías de sentido.

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4 thoughts on “About Roberto P. Neuburger

  1. Querido Roberto, me encantó tu blog…. Cmoo siempre, además de súper intrépido, cálido, muy,muy humano… Un abrazote ahora desde acá!!

  2. Hola Roberto, estoy interesado en la relación histórico-discursiva entre el psicoanálisis y la medicina ya que me encuentro estudiando la relación entre el psicoanálisis y la biopolítica, ¿tienes alguna recomendación de lectura (que no sea Foucault) para profundizar en este tema? Saludos.

    • Hola José, ¡muchas gracias por tu mensaje! Sobre el tema que mencionas, conozco la tesis de doctorado de la Lic. Alicia Azubel, editada en forma de libro; sucede, sin embargo, que lo tengo en mi consultorio, donde no tengo el ordenador… (por lo que no puedo mencionarte la editorial, ya que no la recuerdo) ¿Dónde vives? En Buenos Aires el libro se consigue en Letra Viva Editorial.
      Cualquier otra duda, ¡estoy a tus órdenes!
      Muchos saludos,
      Roberto

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