¡Adictos!

Arriba: Salón Dorado, Teatro Colón, Buenos Aires

¿Por qué se expulsa de los hospitales a los adictos de la misma manera que los margina la sociedad? – pregunta Juan C. Domínguez 1 – Y continúa: El adicto puede indicar, atravesado por la urgencia de quienes lo llevan al hospital, una imposibilidad de asistencia. Los actores del escenario, pacientes, enfermeros, acompañantes, médicos, son sujetos determinados por el discurso que de la droga se hace (…) El adicto llega al hospital con sobredosis, intento de suicidio, violencia, sexualidad sin límites, delito, sida, contagio. Son “síntomas” que remiten a los temas freudianos de los que nada se quiere saber: sexualidad y muerte.

En efecto: la presencia del designado “es-un-adicto” – invectiva que, inevitablemente proferida por algún desesperado cirujano o traumatólogo, es el aspecto exterior de un pedido de exéresis y limpieza de su sala: lo que no debe ser, ni existir, ni importunar, el Otro del Mal, de la inquietante extrañeza, de la transgresión manifiesta, desafiante y repudiable…

Pero aún si existiese la intención de responder a dicha cuestionable demanda, los supuestos destinos reiterarían el rechazo: los hospitales psiquiátricos no los admiten, los centros de rehabilitación se encuentran sobresaturados o requieren “becas” de difícil y tortuoso acceso… ¿A dónde, pues? ¿Es imprescindible transformar – y de inmediato –  la escandalosa visibilidad en tranquilizadora invisibilidad? ¿Qué es lo que no se quiere ver?

adicto_1

¿Sexualidad y muerte? ¿Dos instancias correlativas del goce? Para el antecesor de las “adicciones” en la primera formulación de Freud – la masturbación – la falta de tramitación psíquica no ha roto aún le mariage avec le petit-pipi 2. No obstante, la segregación no deja de ser necesaria: justamente ella, como cualquier deshabituación, parece solucionable sólo en un sanatorio y bajo permanente vigilancia del médico. Librado a sí mismo, el masturbador suele recaer, a cada contingencia desazonadora, en la satisfacción que le resulta cómoda. El tratamiento médico no puede proponerse aquí otra meta que llevar al neurasténico ahora fortalecido a un comercio sexual normal 3. Y si bien no han sido demasiado promocionadas las instituciones cerradas de rehabilitación de masturbadores en peligro de terminar en total agotamiento neurasténico, cierto es que – como denota Rik Loose – estamos hoy en pánico moral con respecto a la adicción 4; no faltan los sitios donde se le muestre o exija al sedicioso “adicto” el modo de gozar debido y correcto, con independencia de la “causa”. Una atención más cuidadosa de la contingencia desazonadora podría, en efecto, revelar indicios, como apunta Héctor López en su pormenorizado estudio de las referencias freudianas, postfreudianas y de Lacan: pretendo ser fiel a la caracterización negativa que Freud hace del consumo de tóxicos como rechazo del sufrimiento antes que como logro de la satisfacción. En la ambigüedad de la frase se deja leer, además, que la compulsión por evitar el dolor produce, paradójicamente, la pasión extrema del toxicómano: su esclavitud a la droga 5.

 images (23)

Como si un azar los hubiera reunido en un hipotético “grupo” para borrar cada uno de los rasgos particulares de los sujetos, soy solicitado un mismo día para “examinar” a tres adictos. El primero de ellos en Unidad Coronaria: un cardiólogo enuncia la ecuación ominosa que le dicta su experiencia: 24 años con infarto = cocaína.

Me relata, además. que les es difícil mantenerlo en su lugar y en calma: el día anterior, una paciente había sido trasladada frente a su cama, y el incoercible, exhibicionista individuo se paseaba frente a ella casi desnudo, con sospechosas intenciones. En efecto, lo encuentro movedizo y con menos vestimenta que los demás pacientes. Cuenta su historia con permanente sonrisa, habla de su experiencia carcelaria como un soldado orgulloso de sus heridas, y cualquier preocupación por las consecuencias de la cocaína dista de advertirse. Desde luego, no falta el recuento de sus proezas atléticas en el terreno erótico. Y la urgencia, asimismo sonriente, de asegurar – con respecto su uso de la droga – que fue la última vez.

En la Sala de Cirugía la gran preocupación corresponde a un paciente de 42 que se ha practicado un corte profundo en un antebrazo. Lo han visto traumatólogos, quienes han enunciado un pronóstico sombrío en cuanto a la futura movilidad de su mano. Poniendo en evidencia que el consumo de cocaína es su derecho privado e inalienable, y sin perder la objetividad de su aparente buen humor, relata que el disparador de su intento suicida fue la amenaza de su primera mujer, de entablar juicio por alimentos para su hija. Una entrevista con los padres arroja el pobre saldo de reiteradas tentativas “terapéuticas”, internaciones en centros o granjas “de rehabilitación”, medicación psicofarmacológica, psicoterapia, etc. Y expresan su agotamiento consecutivo al desafío permanente que su hijo (el primero, junto con un mellizo, de cuatro) les ha planteado desde la adolescencia. Un tío abogado se halla en trámites junto al juzgado que ha intervenido, para lograr una nueva internación. No creen – insisten – en sus repetidas promesas de que ésta fue la última vez.

Un Residente me comenta que otro paciente, de 24 años, asimismo consumidor de cocaína, ha manifestado su necesidad de hablar con alguien. Ha llegado a la sala tras una gresca con el hermano de 20 con quien convive en una villa. Recibió algunas cuchilladas por las que fue internado en dicha sala (donde se le practicaron las curaciones necesarias), la causa judicial se ha cerrado y ya el custodio policial se ha retirado. Con ojos llorosos, detalla su vida, su alejamiento y conflicto con un padre que lo abandonó en su adolescencia y sobre el que se vuelve su furia vengativa: intenta incendiar la casa de aquél, lo que determina su primera experiencia en la prisión. Y la separación de una mujer con la que ha tenido un niño de dos meses; a continuación, la difícil convivencia con su hermano, aún más entregado a la cocaína que él. Termina diciendo que necesitaba alguien que lo escuchara e hiciera de papá…

La inquietud de los cirujanos, sin embargo, sigue siendo el otro paciente: reiteran una y otra vez los pedidos de interconsulta para el mismo, con la necesidad de asegurarse contra alguna situación de riesgo legal que los hallaría desprotegidos. La presencia de un policía en la sala, la situación “legal” aún pendiente es suficiente para generar ansiedad, en tanto el chico angustiado de 24 pasa inadvertido.

Intento explicar a uno de los residentes en su frenética carrera, que continuaré entrevistando a ambos pacientes, por lo que ninguno de ellos tiene el “alta psiquiátrica” (¡terminología de empleo indispensable en “territorio médico”!).

Al día siguiente, sin embargo, la cama del villero se encuentra vacía. Localizo a la jefa de residentes, quien insiste en el caso del paciente con custodia policial, desconociendo cualquier solicitud con respecto a aquél. El residente a quien confié mis “indicaciones” me asegura haberlas transmitido durante el “pase” de la mañana; es evidente, sin embargo, que lo que no figura en la página de inquietudes quirúrgico-legales no tiene posibilidades de ser percibido, cayendo fuera de la existencia. Una breve visita al Archivo del Hospital para localizarla Historia Clínica en busca de algún dato con que restablecer la comunicación, arroja saldo negativo: el documento no detalla dirección ni teléfono del muchacho.

A los pocos días y en la misma Sala, un nuevo llamado me pone frente a un hombre joven, internado luego de entrar en la Guardia por una crisis de abstinencia. Separado de su mujer pero en buenas relaciones con ella, es visitado solamente por su hermano. Con la excusa de trasladarse por su trabajo, frecuentaba lugares dela Provincia en los que  sabía que podía localizar proveedores de cocaína, que le aliviaban un sufrimiento oscuro.

Luego del alta, continúa viéndome pese a la lejanía de su domicilio. En uno de nuestros encuentros periódicos, asegura querer contar lo que más vergüenza le provoca: una escena de seducción y abuso infantil donde fuera víctima de su propio hermano.

En la actualidad, con éste mantiene interminables querellas por una deuda en torno a bienes comunes, que sigue siendo motivo de periódicos ataques y litigios a cargo de abogados. Llama la atención, sin embargo, su necesidad de intervenir en los mismos con reclamos personales, con independencia de lo que pudiesen proponer, en busca de una conciliación, los mediadores.  Llega al extremo de traer, antes de un nuevo encuentro con la parte contraria, un cuaderno con extensas anotaciones de sus reclamos, que se propone leer en su totalidad durante el mismo. Gradualmente, y escuchando sus propias palabras, termina por reconocer no sólo la futilidad de su esfuerzo, sino que tal imposible resultado le ha sido mencionado y advertido por varios. Y comienza a pensar en replantear toda la cuestión, desde diferente perspectiva. ¿Un atisbo de un tránsito en su posición subjetiva? ¿O apenas el inicio de un largo camino en la instauración del trabajo asociativo interrumpido en cortocircuito, donde la sustancia permite prescindir de los sufrimientos que la temida relación con el otro podría ocasionarle? Sólo lo que ha de seguir podría traer una posible respuesta. Y en nuestra tarea no es infrecuente que los siguientes – y últimos – capítulos falten…

Comentando la célebre Tesis sobre Feuerbach, Víctor Korman señala que estas ideas no tienen hoy, prácticamente, ninguna cotización bursátil. Sus acciones jamás entraron en la Bolsa “punk y drogadicta” que impotente y desencantada ante la sociedad postmoderna optó por cambiar químicamente la percepción del Universo más que el mundo en sí, inventando un planeta propio. Si bien el artilugio parece haberles fracasado, mal haríamos en no escuchar lo que los toxicómanos nos dicen, ya sea de manera apenas audible… 6

El Hospital no parece ser un espacio propicio para hacerlo; el orden hegemónico imperante tiende a presentar, como único e inmediato destino para el estigmatizado, la expulsión, o a lo sumo, mediante la intervención del Servicio Social, un primer contacto con alguna de las agrupaciones de autoayuda existentes, que no dejan de subrayar la frontera y añadir goma de pegar al rótulo, solidificando la constitución del grupo sobre la base del propuesto (antes bien, impuesto) ideal a compartir, la abstinencia. En los países en que el libremercado empuja a la exclusión… no es fácil transformarse en “uno de ustedes”… No han construido una sociedad inclusiva. Han construido una sociedad que empuja a la desesperación 7. La proposición del analista, por pequeña, hasta insignificante que parezca, apunta a otro sitio; como lo plantea el ya mencionado Rik Loose: hay una diferencia entre un sentido de la comunidad y la tendencia a formar grupos. La segunda es un acto de agrupamiento que se hace lugar sobre la base de la exclusión de los otros; la primera es un reconocimiento de sí mismo y de los otros en términos de una responsabilidad compartida de co-existencia 8. Meta imposible, hasta utópica, tal vez. Y sin embargo, el establecimiento de un espacio para la palabra no parece mal comienzo…

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 27

images (22)

____________

1 Domínguez, J. C. Historia del tratamiento de las adicciones en la Argentina, en Contexto en Psicoanálisis, No. 6, Editorial Lazos,La Plata, 2002, p. 139

2 La célebre frase de Lacan con respecto a la “droga”, Journées des cartels de l’École freudienne de Paris (13-4-1975), Maison de la chimie, Lettres de l’École freudienne, Paris, 1976, N° 18, p. 268

3 Freud, S. La sexualidad en la etiología de las neurosis (1898), Obras Completas, A.E., Buenos Aires, 1981, Vol. III, p. 268

4Loose, R. The Subject of Addiction, Karnac, Londres, 2002, p. 32

5 López, H. Las adicciones: sus fundamentos clínicos, Editorial Lazos, La Plata, 2003, p. 15. Del concepto central y paradojal de goce, López toma la definición que presenta Lacan en Psicoanálisis y Medicina, donde es contrastado con el placer: ¿Qué se nos dice del placer? Que es la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, la tempera más, por lo tanto aquello que nos detiene necesariamente en un punto de alejamiento, de distancia muy respetuosa del goce. Pues lo que yo llamo goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente, hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor…(Lacan, J., Conférence et débat du Collège de médecine à La Salpetrière (16-2-1966), Cahiers du collège de Médecine, Paris, 1966, p. 780).

6 Korman, V. Y antes de la droga, ¿qué? en El Oficio de Analista, Paidos, Buenos Aires, 1996, pp. 365-366. La Tesises, por supuesto, la última (No. 11) de Marx K. Thesen über Feuerbach, Obras, Dietz Verlag, Berlin, 1981, Tomo 3, p. 535

7 Feinmann, J. P. La sangre derramada, ensayo sobre violencia política, Ariel, Buenos Aires, 1999, pp. 313-314. Unas líneas más arriba, el autor se refiere al film Trainspotting (Danny Boyle, 1996, sobre novela de Irvine Welsh, con guión de éste y John Hodge), en cuyo inicio Ewan McGregor enumera los mandatos que la sociedad le hace llover – reemplazados con ventaja por la heroína – y en cuyo final el mismo declara llevar a cabo el proceso inverso, “para ser uno de ustedes”. La “política de reducción de riesgos”  adoptada por determinados países europeos se aparta de dicho forzamiento de ideales, con la puesta en funcionamiento de las “salas de inyección” donde los individuos son provistos de un lugar sin perturbaciones, material descartable no compartido y asistencia en emergencias. La posibilidad de ser escuchado por un psi, lejos de ser impuesta, es tan sólo un ofrecimiento que espera el surgimiento de una demanda.

8 Loose, R. ibid., p. 270

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s