El duelo duplicado

Biblioteca Nacional, Buenos Aires

Si el síntoma se halla conectado por el hilo que conduce hasta un vacío imposible de ser registrado en una historia, suele suponerse que la práctica del examen de lo que se va depositando en lo sucesivo ofrece indicios para una posible reconstrucción: ¿se trata de un principio en función, un método, o la promesa – aún cuando no pueda cumplirse – de una significación a descubrir?

El trauma, nos propone Freud en los orígenes, no es unívoco, aislado y solitario. La historia “repetida” que presentamos en un trabajo anterior parece confirmar el aserto: un desencadenante retrotrae analógicamente a un suceso fundamental, situado en un pasado ya inalcanzable 1.

En lugar de reiterar la narración presentada en dicha oportunidad, reescribiremos las secuencias, por necesidad incompletas, con el fin de poner en relieve el motor que las genera y acaso lo imposible de su acceso.

El sujeto llega a nosotros enviado desde la Guardia del Hospital, donde la atención del Equipo de Salud Mental no pudo llevarse a cabo (no es infrecuente que tal cosa suceda, ya sea porque las ausencias no son previstas y cubiertas con la anticipación correspondiente, o bien por la acumulación de demandas que resultan en estasis de resolución postergada hasta el punto de anularse); es llamativa la descompensación, la angustia y el llanto que desbordan su narrativa. El gatillo inmediato que dispara tal desborde no es otro que un diagnóstico (de diabetes) abruptamente comunicado por su médica, quien – desde luego – no podía imaginar o anticipar tales efectos, guiada por la urgencia terapéutica (el furor curandis del que en nuestro caso nos habremos de guarecer)

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Dos escenas – al menos – es lo que exige el Proyecto 2 para que una manifestación sintomática haya de tener lugar, la segunda actuando retroactivamente sobre la primera, con rasgos analógicos que permiten (o establecen) la metáfora instituyente de aquélla. Se espera que el carácter traumático del suceso ulterior obtenga su repercusión eficaz en razón de su vínculo con los significantes a los que asignamos, al hallarnos hospedados en el mito de las capas de cebolla, un carácter pretérito; no obstante, es habitual – obstáculo contratransferencial, a no dudarlo – que los practicantes concedan todo el valor al episodio designado como más reciente que haría del sujeto una mera víctima (y por lo tanto un objeto antes que paciente), sin elección posible, ni momentánea ni ulterior 3.

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El agregado incongruente por parte del sujeto, que tal diagnóstico envolvía un derrotero irrefrenable y cierto – sentencia irrevocable – hacia la locura, no evidencia una significación aprehensible en lo inmediato; la enunciación de la médica especialista no sólo indica que su cuerpo le es ajeno, sino que lo arrastra hacia una alienación en la que habrá de desaparecer.

Solamente el relato y desenvolvimiento de su historia puede proporcionar alguna clave: la figura del padre se presenta como significativa y abrumadora, en sus excesos a pura pérdida, tanto económica como vital, como determinante de su alejamiento de la familia (que no sería sino una huída) a la que “deja caer” con su abandono. Que el diagnóstico de enfermedad médica fuese “común” con éste proporciona – hipótesis inevitable – el rasgo identificatorio, contraseña para la instalación ulterior del síntoma (hasta aparece proferido como tal y literalmente en su relato: “éramos iguales”). A la manera de una formación reactiva, sostiene que el cuidado que observa en seguir las indicaciones en cuanto a ingesta, medicación, etc. es estricto (a diferencia con la despreocupación indiferente, la indolencia negligente de su progenitor). Tampoco es ajeno el hecho de que los contratiempos se sucedieran en la línea generacional paterna; en una entrevista concurre con su propio hijo, de cuyo consumo de sustancias se queja, pese a la negativa del mismo quien insiste en que hace tiempo (y tras el recurso de instituciones relacionadas) ha abandonado dichos hábitos.

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Sin embargo, más allá de que la desaparición de su progenitor se debiera al desenfrenado descuido, puede advertirse que no es la primera vez que se extinguía, sino una segunda. En efecto, fue la madre quien enunciara, luego de un período de ausencia sin noticias, la muerte de aquél, y no sólo de modo oral; en efecto, la hizo figurar en tanto acontecimiento sucedido en documentos (anotación de registro escolar, por ejemplo). Dos duelos, por lo tanto, debe suponerse que el sujeto hubo de transitar, para emprender la búsqueda del autor de sus días en el período “entre dos muertes4. Y por otra parte, si bien las figuras femeninas en su relato (no sólo la madre sino asimismo su ex-esposa) no llaman la atención sino por su eclipse, su única aparición – la sentencia mencionada – es contundente por entero, al igual que sus efectos a distancia, cuando una tercera mujer – la médica – redobla y afirma la conjunción. No se trata, sin embargo, de duelos en los que cabe esperar un período de tristeza, inactividad y repliegue como indican las descripciones clásicas, sino la inapariencia silenciosa, hasta que se produce el estallido con el que lo recibimos.

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Si la exposición que logra realizar de su historia, que contiene su propia interpretación y le proporciona un singular alivio sintomático, puede impresionar a algunos como un retraso del reloj psicoanalítico a los tiempos de la abreacción o catarsis, es preciso señalar que la presencia de psicoanalistas en el medio público puede significar un rodeo de la manifestación cada vez más abrumadora de la psiquiatría de mercado, a la búsqueda de bocas para amordazar con obturadores químicos en aras del comportamiento adecuado 5. La historia – la verdad en juego – no deja de existir, empero, y cabe esperar que tarde o temprano pueda hacerse un camino.

 

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 43

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1 Neuburger, R., Historias repetidas, en Psicoanálisis y el Hospital, No. 41, p. 178-182

2 Freud. S., Proyecto de una psicología (1895), http://www.lutecium.fr/Jacques_Lacan/transcriptions/freud_esquisse_de.pdf, pp. 34-39

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3 Verhaeghe, P., Trauma and Psychopathology in Freud and Lacan: structural versus accidental trauma, en: Beyond Gender: From Subject to Drive, Other Press, New York, 2001, pp. 49-50; sobre la reestructuración de la historia en el recorrido teórico de Lacan, cf. asimismo del mismo autor, New Studies of Old Villains, Other Press, New York, 2009, pp. 47- 58

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4 Puede establecerse ciertas analogías, por una parte, con el caso del pintor Cristoph Haitzmann, del que los testimonios son analizados por Freud en el célebre escrito “Una neurosis demoníaca en el siglo XVII” (http://ia700501.us.archive.org/4/items/EineTeufelsneuroseIm17.Jahrhundert/Freud_1924_Eine_Teufelsneurose_im_siebzehnten_Jahrhundert.pdf ). Pese a la diferencia de la expresión sintomática del duelo por el padre muerto, el carácter de omnipotencia imaginaria (“père-la-jouissance”) del sustituto en éste, en el relato acerca de sus características por parte de nuestro entrevistado, quien asimismo sufría un quebranto económico similar (atribuido por su parte a los vaivenes financieros de los que nuestro país fue, eufemismo mediante, pródigo), no dejan de llamar la atención. De modo similar, el estancamiento melancólico que impedía al pintor la elaboración por medio de su arte – consecuencia, en la lectura freudiana, de la obediencia a posteriori, la única versión de la Nachträglichkeit que hubiera de repercutir en los primeros analistas que rodeaban al maestro vienés, antes de que fuera punto de partida de una diferente concepción del tiempo por parte de J. Lacan – indica que en la historia que presentamos el duelo también puede considerarse una referencia para el síntoma que genera el encuentro. El final anticipado y fatal, en lo que una analizante dice, aparece también en la descripción de Philippe La Sagna (“Le Deuil d´Alice”, en Ornicar? No. 37, Navarin Éditeur, Paris, 1986, pp. 117-123) como manifestación imaginaria de la alternativa “o no pienso o no soy”, “imposibilidad para todo pensamiento de articular la Bedeutung sexual”. Dos intervenciones (en diferentes ocasiones) del analista conmueven dicha certidumbre; en nuestro caso, el ofrecimiento de la oportunidad para el desenvolvimiento de la historia hubo de ser la ingerencia correspondiente.

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5 Una reseña instructiva del actual (des)orden de las cosas puede comprobarse en una entrevista (http://www.youtube.com/watch?v=vtfBl79hs-M) que un medio holandés le efectúa a Darian Leader, uno de los pocos en investigar las formas sintomáticas corrientes de duelo (y la supresión contemporánea tanto de los rituales acordes como de su mera aparición fenoménica), en su libro The New Black: Mourning, Melancholia and Depression, Hamish Hamilton Press, Londres, 2009. En particular, puede situarse el duelo de nuestro paciente – y de acuerdo con la significación que atribuimos al desvanecimiento del síntoma – como la ausencia de la (per)laboración; en otro sitio, Leader examina dos versiones sucesivas del célebre texto freudiano sobre la repetición y señala una variante esencial: donde la primera califica a la elaboración de la resistencia ya conocida, la segunda la designa como inconsciente (no-sabida). De allí que Leader pueda referirse al alivio como insuficiencia. Cf. Leader, D., On working-through, Conferencia en la École de la Cause Freudienne, septiembre 1993, http://www.jcfar.org/past_papers/On%20Working%20Through%20-%20Darian%20Leader.pdf

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