El Hospital es un sueño eterno…

Arriba: Buenos Aires, vista aérea

El Hospital es un sueño eterno…  1

Un paciente internado, con respecto al que la muy exigente reumatóloga que lo atiende demanda una interconsulta – ya que afirma que no demuestra la suficiente compliance (adherencia) al tratamiento que le instituye – narra el siguiente sueño:

Me hallo subrepticiamente – y sin haber tocado siquiera el timbre – en el departamento del conocido actor N. N. Descubro con espanto que mi ropa está manchada de desperdicios malolientes. Busco cómo limpiar la suciedad, pero soy sorprendido por el dueño de casa – que llega inesperadamente – y debo pergeñar una explicación de mi insólita presencia. Él no se sorprende demasiado y aparece hablando en francés con su pequeña hija. Desvío su atención diciéndole que no he tenido igual suerte con la mía, ya que pese a hablar yo dicho idioma, no he sido capaz – como él a la suya – de enseñárselo.

Las asociaciones del sujeto remiten a una transgresión que llevaba a cabo en su vida y que podía cambiar los destinos de ésta, en especial la relación con su hija. Antes de internarse, había tropezado con desperdicios en un lugar de la calle, pisándolos; la falta y la culpa concomitantes no se hallan lejos del horizonte del relato. Señalar la encarnación superyoica que provee la reumatóloga no es más que un pleonasmo. Tampoco falta un índice de la transferencia entre los pensamientos latentes. Un familiar le había traído un periódico el día anterior: había reconocido, en el elenco de una película anunciada en aquél, al actor que luego apareció en el sueño, a quien había visto hacía unos meses en otro film, representando un papel de… psicoanalista. Aún en el precario escenario de la interconsulta en el hospital, los pacientes que tenemos oportunidad de entrevistar sueñan. Como es obvio, dicho “material” no puede ser asimilado por el orden médico vigente (y menos aún por la estricta e inexorable especialista, aún cuando sus inflexibles demandas bien podrían haber oficiado como estímulo diurno del evento onírico), más que como “desperdicio” episódico. ¿Nos da esto ocasión, posibilidad o hasta derecho de localizar el “deseo del – o en el – sueño”? Lo que es de rigurosa perspectiva en una cura analítica, ¿es extrapolable a la práctica de extensión, tan diferente? ¿Existen condiciones para la interpretación – aún teniendo en cuenta que dicho término dista de ser unívoco? Es más, ¿hay vigencia de la clásica hipótesis freudiana acerca de la realización de deseo, en la práctica actual?

En el último capítulo de La Interpretación de los Sueños, en cuyo segundo apartado Sigmund Freud expone el mecanismo de la regresión en el sueño diurno (momentos antes de lanzarse a desmontar la estructura del aparato psíquico), la expresión figurativa del deseo – que se muda en imágenes sensibles a las que se da crédito y se cree vivenciar – se nos hace presente en la figura del fantasioso M. Joyeuse (el personaje deLe Nabab, de Alphonse Daudet); dicho presente es el tiempo en que el deseo se figura como cumplido 2.

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Imaginemos al mencionado e imaginativo M. Joyeuse en una oportuna identidad ad hoc de psi, recorriendo ya no las calles de Paris sino los pasillos de un Hospital porteño. ¿A qué imágenes dedicaría su ensueño diurno? Tal vez a que los profesionales tuviesen un espacio adecuado para desempeñarse – consultorios satisfactorios en espacio y, sobre todo, en número, lugar conveniente para reuniones de Equipo – y que conformasen un plantel estable y equitativo (sin que existiese la muy discutible duplicidad económica “rentados-concurrentes”); miembros de reconocida producción clínica y teórica, comprometidos en reflexionar acerca de su práctica, y una coordinación apta para insuflar sentido de la colaboración mutua y atmósfera solidaria. Que no hubiese “listas de espera” de improbable resolución, o exclusión y derivación de una significativa cantidad de pacientes por falta de personal (fuesen psiquiatras o psicólogos). Que tuviese dependencias apropiadas para su autonomía (Sala de internación con personal capacitado y guardias, Hospital de Día, Departamento Social con trabajo de campo fuera del marco hospitalario) y – last but not least – oportuno reconocimiento e impulso progresivo de las autoridades de la institución (y no ignorancia combinada con desconfianza, cuando no rechazo, ante nuestra imposibilidad discursiva de adherir al Orden Médico hegemónico). Antes, claro está, de que la gris cotidianeidad lo despierte.Wunschträume? (sueños de deseo, término despectivo corriente en alemán) ¿O bien un exceso de entrega al Ideal? Resta añadir una nueva paráfrasis de Rivera: ”un Servicio de soñadores sin sueños también se lee en lo que no se escribe…”

El sueño es una realización de deseo: el grito de batalla de La Interpretación de los Sueños se convirtió en el centro de la épica psicoanalítica desde sus comienzos, arrojando una enceguecedora oscuridad sobre toda otra dimensión (y que, al menos en carácter primordial, no dejaba de hallarse presente en el mítico texto inaugural).

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Arriba: Sueño de la niñera francesa (tomado de “Fidibusz”, reproducido en “La Interpretación de los Sueños”)

No fue ajeno Freud mismo al activo ocultamiento paralelo: la encarnizada cacería de la simbólica sexual (que ya en esa época adopta carácter de caricatura), a la que por efecto de la demanda de reconocimiento se pliegan todos los miembros de la originaria Sociedad Psicoanalítica, puede leerse en las Actas de las Reuniones de los Miércoles en la casa de su fundador. Es evidente que el predicamento político de la joven disciplina necesitaba a la sazón un emplazamiento, por pequeño que fuese, en el discurso del Amo 3. Y para volvernos hacia el terreno local, señalemos que asimismo impregna los esfuerzos de los pioneros de la APA: un ejemplo conspicuo es la obra de Ángel Garma, Psicoanálisis de los Sueños 4.

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Poco espacio o interés genera el establecimiento de la retórica que caracteriza a la vía regia hacia el Inconsciente. Pero hasta el peso – supuestamente probatorio – asignado a la misma durante la entrada de los textos de Lacan en nuestro medio pudieron hacer pantalla. Aún en 1980, la recopilación del Suplemento de las Notas de la EFBA dedicada a “La Interpretación de los Sueños” se centra, a lo largo de detallados análisis de traducción, en las facetas gramaticales, acentuando la estructuración como un lenguaje antes que cualquier otro aspecto 5. Y, sin embargo, las preguntas que intentan ir “más allá” no dejan de aparecer. Retrocedamos a los “setentas”, con dos artículos ya arqueológicos, que acaso pese a su relativo olvido conservan un notable interés. El otrora célebre texto de Juanqui Indart, …porque (por qué) una “taza” es el “pecho” (?) 6, en su desmontaje implacable del mecanismo de interpretación onírica kleiniana (la conocida traducción simultánea), contiene ya in nuce indicaciones sorprendentes – además de un sinnúmero de conclusiones resultantes de un desarrollo sumamente complejo, de las que no mencionaremos aquí más que una escueta selección. En primer término, el tedio que genera la mecánica previsible (y su fundamento, la alegoría, efecto anticipado ya por el análisis literario); luego, la equívoca y falaz verificación autocomplaciente y tautológica de la teoría. Y, por último, la trampa fatal del “sentido”, asignado aquí (como feliz perspicacia apoyada en la lectura de textos como Télévision) a la dimensión narrativa. Es de notar, además, que los corolarios mencionados no agotan su validez en su mera aplicación al kleinismo.

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Juanqui Indart

En segundo lugar, una severa crítica de Héctor Yankelevich a un libro de Willy y Madeleine Baranger (escrita aún antes de su exilio), en la que la agudeza de las preguntas soprende más que las presurosas respuestas 7. Los párrafos que elige para impugnar, por supuesto, son aquellos que contradicen el desciframiento freudiano e insisten en una totalidad clásicamente postfreudiana. Pero señalemos el siguiente: No podemos aceptar que el sueño se origine en un deseo inconsciente y reprimido (…) el punto de partida del sueño es una situación traumática (…) actualizada en el contexto analítico… Es notable que Yankelevich acierte en rescatar la significación de dicha cita e intente interrogarla; enigma que se cierra cuando la descarta echando mano a la expectativa de su momento, lo “exhaustivo del significante”: La escena traumática tiene mediante este sueño una eficacia por repetición. Pero esa repetición no es automática: depende de (…) la incidencia del deseo de los otros sobre su deseo. La repetición de toda escena traumática en forma de sueño muestra la acción de la cadena de significantes para apropiarse de un acontecimiento vivido (…). Todo trauma se inscribe pues en el registro del deseo… ¿Y si no fuese así? ¿Si los Baranger (y el kleinismo contextual que sostenía sus hipótesis) hubiesen intuido, sin teorización que los guiara fuera de la figuración imaginaria, una pista de lo Real, que escapa por siempre a las tentativas de inscripción?

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Madeleine Baranger

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Héctor Yankelevich

En sus “consultas terapéuticas”, D. W. Winnicott se acerca progresivamente a los sueños de sus pacientes – con los que intercambia garabatos, su invención del squiggle game en tanto creación de la experiencia analítica – para revelar lo que jamás podría decirse. En sus términos, veamos – por elegir un ejemplo – lo que sucede entre él y una niña de 8 años cuyo deterioro personal culminaba en robos a sus compañeros de escuela: esto marcó la fase (…) de establecimiento de confianza y (…) una disposición a ir más a lo profundo. Me sentí con más audacia como resultado y deliberadamente hice un garabato embrollado. Dibujó una palangana alrededor tal que contenía lo turbio. Aquí había fantasía personal, y ya me había vuelto capaz de acercarme al mundo de los sueños de Ruth. Le pregunté si cuando soñaba lo hacía con cosas como ésta (…) “Sueño todas las noches”. Para ilustrarlo, tomó una gran hoja de papel (…) “Un barco de antiguos días con agua que entra (…) Yo corría. Eso fue antes que mamá tuviera mal las piernas. El agua sube a chorros”. Gradualmente, la niña llega a ser capaz de dibujarse en el momento de volverse una criatura deprivada, es decir, significar algo de la traumática ausencia, bordear una fracción del desfallecimiento originario de respuesta que pugna por despertar desde el foso onírico: momento, pues, de creatividad decisiva 8, 9 . ¿Regreso al punto de partida? El psicoanálisis, en su despliegue histórico, parece entregarse una y otra vez al impulso de asegurarse un trozo de saber; el entusiasmo de la aparente conquista opaca su insuficiencia, hasta que un interrogante de la clínica se vuelve capaz de situarnos nuevamente en las márgenes del descubrimiento.

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El abismo de la noche de 1976 no deja de producir la persistencia de intentos de asentar lo imposible. Salas de internación, Hospitales de día, residencias psi, psicoanalistas mismos que desaparecieron; desgarros, hundimientos, discontinuidades que han generado la precariedad de una práctica que el deambular cotidiano en el Hospital procura en vano disolver por medio del espejismo imaginario. Por cierto, las consecuencias no dejan de aflorar, de hacerse evidentes, de propagar su malestar incoercible; nunca puede ser el mero pasaje del tiempo el que por sí solo cierre las heridas, sino apenas el que establece el escenario de una repetición, de una frustración incesante, de un naufragio sin final.

Vía regia… hacia una insistencia que pulsa en un abrir y cerrar efímero, fugitivo, frágil y casi inasible. Un residente de Otorrinolaringología solicita que se entreviste a un paciente internado, de apenas 18 años, que ha sufrido una intervención de una notoria tumoración nasofaríngea, ya que lo nota angustiado. La hoja de pedido llega algo tarde: el muchacho ya está por ser dado de alta. Proveniente de la capital de un país limítrofe, con su familia lejana, sólo tiene aquí a su hermano. Hace dos meses que ingresó al Hospital. A medida que progresa la entrevista – en la que refiere cómo era su vida de estudiante, sus amistades, sus relaciones, su actividad deportiva – narra un sueño iterativo: sus padres han muerto en un accidente hace algunos años, y las imágenes oníricas se los presentan con vida, en su lugar de la ciudad, su vivienda.

Retornamos a la “superficie”: ya tiene sus bolsos hechos y espera las indicaciones del personal para volver con su hermano. Asegura que piensa pasar con él unos meses antes de regresar a su país para proseguir sus estudios. Se cierra la entrevista de modo afable y ya sin indicios de angustia; el objetivo de la interconsulta nos parece cumplido. ¿Una fugaz “cura de transferencia”, que llega un poco a destiempo? Hay algo en la posibilidad de enunciación del sueño que recuerda (salvando, claro está, las distancias…) la atmósfera de acercamiento al borde de lo no-dicho que se establece en el mencionado squiggle game. Si así fuese, en el limitado pero fértil territorio de la extensión que llevamos a cabo en el Hospital se habría obtenido una realización nada desdeñable…

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 28

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1 con permiso de Andrés Rivera…

2 Freud, S. (1900), La Interpretación de los Sueños, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1979, T. V, p. 528

3 Nunberg, H., Federn, E. (eds.), Protokolle der Wiener Psychoanalytischen Vereinigung, S. Fischer, Frankfurt/M., 1977. Véase p. ej. T. II, p. 6 (Stekel), p. 137 (Freud), 154 (Sadger), etc.

4 Garma, A., Psicoanálisis de los Sueños, Paidos, Buenos Aires, 1940 y 1963

5 Cosentino, J. C., Jamschon, J., Fendrik, S., Aramburu, J., Heinrich, H., Ariel, A. y otros, Suplemento de las Notas de la Escuela Freudiana de Buenos AiresLa Interpretación de los Sueños, Buenos Aires, 1980

6 Indart. J., …porque (por qué) una “taza” es el “pecho” (?), Grupo Cero, No. 1, Buenos Aires, 1973, pp. 5-31. Ambas paráfrasis literarias del presente ensayo han sido realizadas según las “leyes de transformación” establecidas en el citado artículo.

7 Yankelevich, H., Ciencia y empirismo (“Problemas del Campo Psicoanalítico” de Willy y Madeleine Baranger), Revista Argentina de Psicología (Publicación de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires), Año 1, No. 4, Galerna, Buenos Aires, 1970, pp. 143-154

8 Winnicott, D. W., Therapeutic Consultations in Child Psychiatry, Basic Books Inc., Nueva York, 1971, pp. 324-330. El enlace con el conmovedor sueño que abre el último capítulo de La interpretación de los Sueños (ibid. p. 504-505) se le escapa a Winnicott, cuya relación con los textos era difícil, si no cuestionable (y, por supuesto, a todo el kleinismo porteño, para el que la misma no era más que una instancia burocrática). Para ello fue necesario esperar la lectura que propone Lacan en el Seminario XI (Les quatre concepts de la psychanalyse, Seuil, Paris, 1973, pp. 51-63).

9 Verhaeghe, P., Dreams between Drive and Desire, en Beyond Gender, Other Press, Nueva York, 2001, pp. 133-145

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