Historias repetidas…

Arriba: Murales de Berni, Castagnino, Colmeiro, Spilimbergo, Urruchúa en las Galerías Pacífico, Buenos Aires

Un residente de Cirugía me encuentra en el Servicio para pedirme que afronte los problemas que genera, en la sala, un muchacho de 17 años quien, en abstinencia de lo que consume repetidamente, desarrolla episodios de inquietud de difícil manejo. Sus compañeros conocen bien la historia: nadie del mundo exterior acude a estar con él y parece estar aislado de todo contacto, salvo su dependencia de sustancias.

En la sala, llama la atención un absceso del maxilar que se eleva y altera la imagen de su rostro (uno de los motivos de su presencia allí). Un enfermero, solícito, le cambia y coloca con cuidado la vía de ingreso de los antibióticos que en consecuencia recibe.

No se niega al intercambio, que progresa en detalles y aparente – más tarde este término tomará el sesgo de un destino – afianzamiento.

Vive en la calle. La madre lo abandonó y fue criado por una tía abuela, que se distanció de él poco después; no conoció – era de suponer – a su padre. Sabe que tiene una hermana, con la que no existe acercamiento alguno. Y – nuevamente – integra bandas que pillan para comprar y proporcionarse los elementos que ahoguen lo que no puede decirse.

Desprecia las asistentes sociales que han intentado procurar un lugar donde refugiarlo. Sólo estima un hogar administrado por religiosos, donde pasó algún tiempo hasta que su impulso de sustraer lo ajeno en pos de dichos ingredientes pusiera fin a su breve estadía. Sin embargo, asegura que se trata del único lugar donde querría volver y estar; aunque su afán, su impaciencia irrefrenable por abandonar la sala – aún antes de su restablecimiento – no dejan de aparecer una y otra vez.

No menos extraña es la calidez que reviste el último tramo del diálogo, capaz de impartir más expectativa (o hasta esperanza) en el que escucha que en el propio sujeto. Es lo que atino a transmitir a los residentes a los que veo luego del encuentro, o a la asistente social que ya ha iniciado los pasos para instalarlo en el hogar que recuerda y refiere.

Pero es en vano. Al día siguiente, ya no se encuentra en la institución. Estampando su marca y reiterando lo que parece un hado fatal e inmutable, ha sustraído una rejilla de bronce de los sanitarios 1.

Como tantas sentencias freudianas desvanecidas por la Estigia del post-freudismo, la diferencia entre retorno y repetición hubo de ser rescatada por Lacan, quien supo además imprimirle las dos nociones aristotélicas contrastantes obtenidas de la Física… para establecer su reformulación en el deslizante terreno del significante 2. Anne Le Bihan sigue la disyuntiva para articular el “encuentro fallido” con los textos de Freud, puntualizando que el mencionado post-freudismo se detiene en considerar la repetición como sustancia de la transferencia, descuidando el desarrollo que Lacan supo descubrir en Más allá del principio del placer. Así, las “fuerzas exteriores” que desvían de un “regreso a lo inanimado” se homologan con el borde de lo Real que intenta establecer y situar el lenguaje 3.

En 2011 se conoció en Buenos Aires una amplia muestra de la francesa-norteamericana Louise Bourgeois (1911-2010) bajo el título “El retorno de lo reprimido4. Además de escritos, obras gráficas y esculturas de la artista, se conocía el catálogo que incluía – además de ilustraciones y su detallada biografía – ensayos del curador y de personalidades vinculadas con el psicoanálisis, en ocasiones practicantes. Ya el epígrafe puede leerse como referencia al análisis que Louise llevara a cabo con Loewenstein (uno de los integrantes de la “troika” tan criticada por Lacan), así como varias de sus líneas que conjugan sus lecturas (sobre psicoanálisis, en particular) con la experiencia personal. De su biografía, sumamente tenida en cuenta por todos los autores, puede destacarse dos momentos cruciales: la muerte de la madre, catástrofe subjetiva que la lleva a abandonar su estudio de las ciencias exactas para dedicarse al arte, y la del padre (quien, según ella misma, nunca tuvo en cuenta su perfil creador, minimizándolo despectivamente) que la impulsa hacia el diván.

bourgeois

Los artículos de la mayoría de los comentadores se empeñan – tomando como base material la obra plástica o bien los escritos de Louise – en perseguir, por medio de la simbólica alegadamente freudiana (agresión, envidia del pene, complejo de Edipo “de manual”) o kleiniana (buen o mal objeto), un significado; los únicos en diferir son Paul Verhaeghe junto con Julie de Ganck, quienes siguen al pie de la letra la admonición lacaniana “cuídense de comprender” (es evidente, por otra parte, que son los únicos tributarios de la enseñanza de Lacan en el volumen, con lo que su aparato crítico y heurístico pertenece a otra categoría), y tropiezan con un no-interpretable “infra-terreno”. Y sin embargo, la paradoja es que puede hallarse una coincidencia en el intento, por parte de la artista de un lado, y de los ensayistas por el suyo, de rodear con significantes un abismo indescifrable que insiste, aún otro desafío en tanto los comentarios de la propia creadora siempre encierran una sorpresa inesperada.

exhibition-louise-bourgeois-escritos

Por ejemplo: frente a la galería se había emplazado la monumental escultura Maman (“Mamá”), una gigantesca araña de nueve metros de altura. La paradoja se esclarece (o se vuelve aún más intrincada) si recorremos las palabras de su autora: “La Araña es una oda a mi madre. Ella fue mi mejor amiga. Como una araña, mi madre era tejedora. Mi familia tenía una empresa de restauración de tapices, y mi madre se encargaba del taller… Las arañas son presencias amistosas ya que comen mosquitos… (que) diseminan enfermedades, por lo que no los queremos. Así, las arañas nos ayudan y protegen, al igual que mi madre”.

maman

Lo que no obsta para que la conclusión de Verhaeghe-de Ganck sea menos lapidaria: no hay, en la obra que enfrentan, un retorno de lo reprimido alguno (y sí, de acuerdo con lo que comentamos, repetición). ¿Será acaso una dialéctica entre ambas la que deberíamos leer en su obra?

Dos referencias del Seminario XI son ocasiones para detenernos: la primera, una paráfrasis de Spinoza, formula que el pensamiento adecuado evita la misma cosa, esto es, sortea y conjura la repetición, lo que no hace menos fallido el tropiezo con lo real ni lo elide en tanto causa (la compulsión de nuestro primer ejemplo en tanto prueba) 5. La segunda, la mención del texto de Kierkegaard, puede ser considerada aún más enigmática. Los consejos que el danés, en su personificación ficticia, da al joven enamorado para frenar su sufrimiento repetitivo e incesante, tampoco coinciden con lo que esperaríamos (y menos aún la respuesta del imaginario pretendiente cautivado). No menor es el desconcierto de encontrar la repetición como trascendencia, un más allá de la desaprobada y reprochada “inmanencia” de la Aufhebung hegeliana. Y sin embargo, en su comentario Lacan añade, en concordancia: la repetición demanda lo nuevo.

spinoza

Baruch Spinoza

gjentagelsen

Invadido por una angustia incoercible, un hombre de edad mediana refiere el comienzo de su pesar en el instante en que es diagnosticado como diabético. En ese momento siente que un abismo lo devora en un camino irreversible e inexplicable hacia la locura. No cesa de llorar, y entre lágrimas menciona que – si bien descuidaba por completo su alimentación y su peso hasta ese punto – desde la fatal comunicación ha observado las indicaciones del médico y de la nutricionista de modo literal. Y no obstante, sostiene que su desventurado final se encuentra decretado y escrito con precisión cierta.

Que su congoja ceda parece imposible. Es evidente que ninguna información médica es capaz de aliviarlo en lo más mínimo; es casi obligado pensar que su desasosiego procede desde otro sitio.

En otra oportunidad es capaz de narrar recuerdos que se instalan como indicios de tal investidura extemporánea; la figura de su padre asoma como recuerdo insistente, iterativo, hasta determinante.

Lo conoció y lo tiene presente de pequeño, pero por un tiempo limitado; así como anunciaba grandes empresas con las que ganaría considerables sumas, despilfarraba otro tanto en aventuras asimismo desproporcionadas. Un buen día – de seguro acosado por deudas de las que no podía escapar – abandonó su familia para trasladarse a otro país.

Pasado el tiempo, la madre le informó que él había muerto, y así fue consignado en las inscripciones escolares u otros trámites. Sin embargo, mucho después y sobre la base de informes de terceros, supo el lugar en que se hallaba y decidió viajar al exterior para conocerlo.

El encuentro tuvo lugar. Se instaló en la vivienda de su padre para pasar un tiempo con él y recuperar lo perdido; compartían algunas satisfacciones – como ver juntos competencias deportivas en la televisión, alguna bebida – lo que lo llevó a concluir que “eran iguales”.

La común alegría tenía sus severos límites. Así como su progenitor continuaba puntualmente sus inestables y grandiosos negocios, minaba su salud: era diabético… y ni por asomo seguía indicación de cuidado alguna. Su final, claramente anticipado, fue tan rápido como abrupto.

De regreso en nuestro país, el diagnóstico que recibe pone en cuestión y golpea todo su andamiaje identificatorio; si sus recuerdos anuncian un retorno desde lo reprimido, es preciso el análisis y la transferencia para abrir una oportunidad diferente. Y es la única vía para que, finalmente, la turbulenta tempestad emocional ceda paso a la posibilidad de intelección.

Repetir versus recordar; de nuestro primer caso en el que parecería excluirse, al último – que la admite – en la tarea puntual hospitalaria, más de una vez el tercer término freudiano, la “per-laboración”, debe quedar en suspenso. En el caso intermedio que mencionamos, el de la artista Louise Bourgeois, es probable que la haya llevado a cabo antes a lo largo de su impactante obra, más que en el diván americano. Pero se trata, como muchas veces, de apenas una hipótesis incierta…

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 41

___________

1 Es posible retomar la idea de Freud – enunciada en 1895 – de una “neurosis actual” en tanto “la excitación pulsional interna del sujeto no ha sido respondida por el Otro” para las estructuras en que el significante muestra límites específicos y – si se tolera la apelación al recurso cuantitativo – sumamente reducidos; por lo tanto “la elaboración secundaria se encuentra ausente”. En la posición terapéutica el intento es la producción de una “ampliación subjetiva” que encuentre algo más que la repetición del fracaso original, sin horizonte de significación (Verhaeghe, P., On Being Normal and Other Disorders, Other Press, New York, 2004, pp.289 – 312). Los dos párrafos precedentes indican la única – otra vez insuficiente, en este caso – posibilidad de utilizar la transferencia como único medio. La repetición se llevó el supuesto contacto positivo por el hueco de desagote.

2 Lacan, J., Le Séminaire, Livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Seuil, Paris, 1973, pp. 48 – 61

3 Le Bihan, A., Le rendez-vous est toujours manqué, Liège, Collège Clinique, 2009, http://www.lacanw.be/archives/2009-2010conferences/091212RdvManque(A.LeBihan).pdf , pp. 8-10 ; para los textos de Freud, http://www.textlog.de/freud-psychoanalyse-erinnern-wiederholen-durcharbeiten.html (Recordar, repetir y re-elaborar, 1914);  http://www.textlog.de/sigmund-freud-jenseits-des-lustprinzips.html (Más allá del principio del placer, 1920)

4 Fundación Proa, Buenos Aires, 19 de marzo al 19 de junio 2011 ; Philip Larratt Smith, curador. Fragmentos del catálogo pueden consultarse en http://proa.org/esp/exhibition-louise-bourgeois-textos.php.

5 Lacan, J., ibid., p. 49 y p. 59. Véase asimismo Verhaeghe, P., Causality in science and psicoanálisis, http://www.psychoanalysis.ugent.be/pages/nl/artikels/artikels%20Paul%20Verhaeghe/Causality%20in%20science%20and%20psychoanalysis.pdf , p. 9. El texto de Kierkegaard es La Repetición (Gjentagelse), ed. castellana (trad. D. Gutiérrez Rivero), Guadarrama, Madrid, 1975

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