La filiación del síntoma

Arriba: Pintura de Xul Solar

¿Cuáles son los “lazos de parentesco” del síntoma? Nuestra labor psicoanalítica nos hace sensibles a los rasgos de identificación en los que acostumbramos a leer historias cristalizadas, depositadas en una perenne inmovilidad supuesta, y que siempre acechan con encerrarnos en la trampa del sentido capaz de absorber cualquier movimiento posible ulterior.

¿Pero cómo se caracteriza el “rasgo identificatorio” en cuestión? Lo mismo ¿no será otro  señuelo, es decir, una analogía que “tranquiliza” nuestra pasión por el incremento del saber? ¿Por qué lo mismo? ¿Qué principio subyace al hallazgo de dicha analogía?

A un tiempo, se ha vuelto casi incuestionable escudriñar la así llamada “insistencia significante”, en la que a veces sin más trámite hallamos prueba y demostración conclusiva. Desde luego, la reaparición de palabras o fragmentos fonemáticos puede ser eficaz indicio o valiosa guía, pero ¿no existe el peligro de hacer con éstos y aquéllas una “técnica” que – inevitablemente – perderá su efecto sorpresivo?

Historias de familia, transmisión a lo largo de generaciones, presunta reaparición y desaparición nueva de marcas, trazos, inscripciones – por más que vaciemos de contenido tales ramificaciones narrativas, éstas no dejan de presentarse en sucesión anticipada. Hasta la más ascética abstracción algebraica puede impregnarse con el impulso por relatar una historia.

10:00 horas, Sala de Cirugía. Un residente solicita una interconsulta con respecto a un paciente internado, a la espera de una colecistectomía. Lo describe como agorafóbico; se trata de un “diagnóstico” proporcionado por el propio paciente (no es habitual que los cirujanos destinen demasiado tiempo a la indagación del terreno “psicológico”) y – en consecuencia – el enigma es entregado de inmediato a su destinatario.

El “box” alberga cuatro camas: empero, la que corresponde al paciente designado se halla oculta tras un biombo. Signo ominoso en circunstancias corrientes enla Sala, esta vez el entrevistado menciona haberlo solicitado él mismo, para lograr un aislamiento de las miradas que se suceden sin pausa a su alrededor.

Hombre de pocas palabras, sólo menciona algunos “tratamientos psiquiátricos” anteriores, que consistieron básicamente en la administración de psicofármacos; el resto de su historia es relatada por un amigo que se halla sentado junto a su cama. En las sucesivas entrevistas, se alternarán en el mismo lugar sobrinos, otras amistades, su “pareja”, hasta llegar a la reconstrucción que sigue. Las dificultades de llevar a cabo su vida habitual, al sentir temor a salir de su casa o de su taller de trabajo, dividieron su vida en dos partes. Los medicamentos – administrados por expertos en “fobias” – tuvieron por resultado una evidente (para él) mejoría, pero lo cierto es que la senda del retraimiento inhibitorio fue profundizándose gradualmente hasta la reclusión hogareña completa y absoluta.

De todos modos, siempre se las ingenió para hacer llegar a su vivienda todo tipo de bienes y servicios, ya fuesen de naturaleza culinaria, de consumo u amorosa (así, un amigo le presentaba una mujer que se quedaba una o dos noches con él). A pocos cuartos de distancia vive la “pareja” mencionada, con su hijo de 7 años. Hasta el momento en que dejó de trabajar- su amigo insiste en la calidad notable de su oficio – no necesitaba moverse de su taller para hacerlo; mucho antes, se había desempeñado en la misma empresa que su padre. Cuando arreciaron sus síntomas, sin embargo, logró gestionar una asignación por invalidez. Intensos dolores motivan el fin de la clausura y su entrada en el Hospital.

De sus padres muy poco es lo que sus visitantes relatan. Seres intachables, de bondad, rectitud y honra incuestionables, otros tantos epítetos que dibujan una opacidad casi impenetrable. Apenas si aparece la tozudez materna, o los quiebres físicos del padre ya a edad madura: un accidente cerebrovascular tras el que el mismo sufre un percance callejero en el que pierde una pierna.

Empero, una vez que las referencias a su imposibilidad de moverse fuera de su vivienda cesan, otras características aparecen. Se trata del afán por coleccionar y no desprenderse de ningún objeto, aún de aquéllos cuya aparente inutilidad podría disuadirlo. Así, su hogar apenas tiene estrechísimos y angostos pasadizos por los que el desplazamiento es difícil, y cualquier espacio desocupado en mesas o sitios de apoyo se ha vuelto un azar infrecuente. De más está mencionar que la mera posibilidad – por parte de convivientes u ocasionales huéspedes – de quitar alguna pieza en tal acumulación compacta sería motivo de la reacción más airada e intemperante. Es necesario que alguna vez pueda revisar a conciencia y detalle cada una de las mismas, a fin de evaluar su presunta utilidad o descartarla; sin embargo – el lector lo habrá sospechado – tal proyecto jamás ha sido llevado a cabo.

basura

Más allá de dicha característica, sobrinos o conocidos refieren casi de inmediato que su hermano mayor la comparte (tiene lo mismo). No vive con él, pero jamás ha terminado de construir la casa que habita, y la misma se ha convertido, a lo largo de los años, en un depósito de objetos y materiales cuyo acopio no cesa ni disminuye. La razón indica que alguno podría servir para completar un tramo de la asintótica edificación, sólo que nadie parece advertir – ni cuestionar – el alejamiento temporal ad infinitum de tal posibilidad. Pero se trata del único rasgo en el que ambos hermanos se equivalen; el mayor no tiene problemas en salir de su casa y trasladarse a otros sitios. ¿Cuál será la procedencia, la significación y el destino de dicho rasgo, en apariencia común, y cuya vecindad es aprehendida por todos como mismidad? Sus familiares insisten en que la aceptación del ingreso al Hospital es un innegable signo de progreso exitoso.

Sólo algunos inconvenientes menores, antes sospechados que efectivos (los residentes, por ejemplo, al indicar algún estudio radiológico al paciente temen que las “fobias” de éste impidan su realización) lo separan del acto quirúrgico. El mismo se lleva a cabo sin obstáculos y la recuperación – con el consiguiente egreso, que sustrae las posibles respuestas – es rápida.

De las cuatro especies de semejanza que enumera Foucault en su exhumación “arqueológica” de escritos del siglo XVI 1, es posible que la analogía sea la más afín a la identificación freudiana (mientras que la aemulatio representa tal vez su vertiente imaginaria). Tanto la proporción como la imitación pueden prescindir de la vecindad espacial (a diferencia de la convenientia) y demostrar su estabilidad a través del tiempo.

Ambas, sin embargo, son parte sustancial de la edificación platónica, ya en los diálogos tempranos 2: la primera – más allá de su papel en matemática – es una forma de epagogé (inducción) que prescinde de la proposición universal (aunque es posible que la sobreentienda) y por lo tanto procede caso a caso. Como parte del método su valor es auxiliar y dudoso. La segunda – la mimesis –  es decididamente inferior en tanto argumento; no en vano ambas eran recursos caros a los sofistas. Ninguna, por consiguiente, puede admitirse como parte de una serie de hipótesis como aproximación a la verdad. Al tratar de situar referencias identificatorias, ¿no estaremos cayendo en la seducción de un canto de sirenas imaginario?

plato

Y, por otra parte, ¿cómo procede lo semejante – el rasgo en cuestión – del uno al otro? Con estas últimas palabras es que Lacan recomienda, por vez primera en sus Seminarios, la lectura del Parménides de Platón: aquél de mis alumnos que pudiera consagrarse a un comentario psicoanalítico (de dicho diálogo) haría una obra útil, y permitiría a la comunidad situarse con respecto a varios problemas… 3 Es allí, precisamente, donde se interroga la méthexis, el modo de participación de lo sensible en la Forma que lo causa: en efecto, se trata de una enumeración exhaustiva (el élenchos metódico platónico, verdadera gimnasia dialéctica) de los corolarios de la afirmación y/o negación del Uno 4. Los caminos de la dialéctica son rigurosos: se afirme o se niegue las premisas, no es posible escapar de las consecuencias, coincidan éstas o se contradigan una a otra 5.

parmenides

Y en efecto, un analista recoge el guante y establece un comentario del texto griego sobre la base de la incompletud o inconsistencia universal: dado que la contradicción surge en la Forma misma, no es posible afirmar la Unidad6. Haciendo de Parménides un psicoanalista avant la lettre, Sauval identifica la Idea con el significante para luego leer múltiples efectos y conclusiones (nominalismo que podría entrar en contradicción con el propósito platónico original, es decir, afirmar que la Forma es el único Real).

Lo que no obsta para que el modo en que se realiza la afirmación primordial y la incorporación del rasgo continúen planteando enigmas.

Una semana después, la misma sala, desde la que parte un llamado con urgencia. Un paciente de 23 años presenta inquietud, excitación, irritabilidad continua… y se habla de síndrome de abstinencia. Desde luego, al llegar junto a la cama ya se le ha administrado – es lo habitual – suficientes sedantes para que se encuentre somnoliento, pese a lo que comenta haber recibido una puñalada por un grupo callejero, tras robarle su campera (antes de la intervención quirúrgica reparatoria, había sido necesaria su estadía enla Unidad de Terapia Intensiva).

Junto a él, su hermano, dos años mayor, relata lo poco que sabe acerca del incidente, mientras que el paciente apenas se expresa: le disgusta hallarse internado y quiere regresar a su casa, pese a que los cirujanos deben aún cerrar sus heridas. Llama la atención su poca disposición a la reflexión: impresiona como acción motriz al estado puro.

Fuera de la sala, la madre refiere algunos destellos de su historia. El padre resolvió, de modo terminante, no volver a tener hijos tras el nacimiento del mayor. Para lograr un segundo, la madre debió poner en práctica hechizos de la habilidad combinada de Alcmena y Yocasta (sin poder sustraerse, por lo tanto, a las funestas consecuencias del oráculo). Una vez nacido se enfrentó con el rechazo paterno, quien no lo reconoció como propio argumentando que no se le parecía. Fue necesario que ella encontrara una fotografía de su esposo como bebé para poner en evidencia la positiva semejanza demostrativa, lo que no fue suficiente para ahorrarle al niño frecuentes castigos físicos por parte de su progenitor.

A posteriori, el padre tiene crisis alucinatorias que imponen el diagnóstico de psicosis y las consiguientes y sucesivas internaciones. Tiempo después, a la par que nada extraordinario sucede con el hermano mayor, el menor presenta inconvenientes durante toda su escolaridad. Psicopedagogas y psicólogas se suceden para remediar los trastornos de conducta sin mayor eficacia. Mientras tanto el padre sale de una internación y aprovecha tal libertad para arrojarse bajo las vías. El hijo menor concluye: es por mí.

Ya adolescente comienza su carrera judicial, en tanto la autoridad lo intercepta participando en robos a mano armada. Luego de su detención – durante la cual es golpeado sin tregua – el juez lo interna en una granja de rehabilitación. Al tiempo que el hermano se muestra asustado por verlo consumir de modo incesante y sin intervalo, la madre asegura que jamás tuvo personalidad propia: siempre se amoldó e imitó la de los que estaban con él.

Su estadía en la Sala se hace cada vez más conflictiva. Llora y repite, como un estribillo infantil, me quiero ir. Finalmente intenta salir con violencia por la ventana desencajándola de su marco, con el consiguiente riesgo de estallido del vidrio sobre los demás pacientes. La familia decide llevárselo pese a lo incompleto de su recuperación.

El programa del Seminario La Identificación propone, como fundamento de la misma, la identificación al significante: la función del Uno en la identificación, tal como la estructuro y la descompongo, tal como el análisis de la experiencia freudiana es …no la de la Einheit kantiana, (sino que) consideramos que pasamos a la Einzigkeit, la unicidad expresada como tal 7.

¿Puede el proceso descripto en este párrafo invertirse? ¿Puede un sujeto tomar como rasgo identificatorio fundamental un vacío aspirante, una nada que signará su derrotero incesante hacia la aniquilación? Las atribuciones que efectúa la madre del paciente en su relato coinciden casi por completo – es inevitable asociarlo – con el modelo winnicottiano del falso self. Pero éste habría de ocultar y proteger una intimidad vulnerable y preciada, no una negatividad sin rostro. Para la época y situación geográfica de Donald Woods, la métrica fálica no parecía existir como referencia; era la falta sepultada de la madre lo real que permanecía más allá del reconocimiento, o alojado en la estrecha condensación del síntoma. Tal vez se trataba de un atisbo acertado de que la confrontación traumática no admite elaboración ni diferenciación, antes que de una omisión desconocedora de la enseñanza freudiana. Cuando la hipoteca con que un goce absoluto puede lastrar al sujeto se vuelve excesiva, hasta él podía claudicar como analista 8. ¿Nos hallamos limitados a presenciar, como meros testigos, un desenlace inevitable, o existe intervención capaz de limitar y poner freno a una carrera hacia el reencuentro fatal con esa misma ausencia originaria?

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 30

____________

1 Foucault, M. , Las Palabras y las Cosas, una arqueología de las ciencias humanas, Siglo XXI, México, 1968, pp. 26-34

2 Robinson, R., Plato’s Earlier Dialectic, Oxford at the Clarendon Press, Londres, 1953, pp. 209-222

3 Lacan, J. (1955), Le Séminaire, Livre II, Le moi dans la théorie de Freud et dans la technique de la psychanalyse, Seuil, Paris, 1978, pp. 276-277. El clímax de las referencias al dicho diálogo se alcanza, por supuesto, en el seminario …ou pire, en relación con el apotegma Y a dl’ un.

 

4 Ross, D., Plato’s Theory of Ideas,Oxford at the Clarendon Press, Londres, 1951, pp. 83-101

5 Perdikídis, O., Introducción al Parménides de Platón, Antigua Literatura Griega (Serie “Los Griegos”), Kaktos, Atenas, 1992, pp. 47-55

6 Sauval, M. Una lectura del “Parménides”, http://www.sauval.com/articulos/parmenides.htm. Sauval se refiere, por cierto, al extenso comentario de Jacques-Alain Miller (que cruza el texto con los desarrollos neoplatónicos y con Plotino) en Los signos del goce (Ce qui fait insigne), Paidos, Buenos Aires, 1998, pp. 39-82

7 Lacan, J. Le Séminaire, IX, L’Identification (inédito), 21-2-1962

8 Winnicott, D. W., Therapeutic Consultations in Child Psychiatry, Basic Books Inc., Nueva York, 1971, pp. 380-396. Se trata del ultimo de los casos presentados en dicho volumen, “George, aet. 13 años”, para el que señala: si bien (…) me mostró que su relación conmigo había hecho algún tipo de impacto, noté que no debía involucrarme en el caso (p. 394). En su entrevista con el adolescente, Winnicott observa que se trataba de la aniquilación de sí mismo (…) era como si estuviese dibujando el cuadro de su propia muerte que sobrevino luego de nacer (p. 388).

winnicott therapeutic

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