Los Exitosos Cognitivos y el INDEC

Arriba: Fotografía de Sonia Neuburger

La historia de las ramificaciones del descubrimiento freudiano jamás dejó de ser precipitada y abundante en espinas. Se admite en general que todas las variantes que pretenden oponerse, corregir, enmendar o impugnar el procedimiento y los principios básicos de la Seelentherapie original derivan fatalmente de ésta aunque lo olviden; sin embargo, el no reconocimiento unido a la voluntaria ignorancia determinan necesarias consecuencias sintomáticas.

Puede entenderse – luego de la pormenorizada crítica lacaniana –  que Aaron Beck y Albert Ellis se hayan decepcionado con el psicoanálisis americano y las instituciones que lo burocratizaban hasta la caricatura. Sin embargo y para lograr un mejor adjustment que su predecesor, la técnica que habrían de diseñar debía acomodarse con otra institución, la médico-psiquiátrico-neurobiológica, sin que indeseables contradicciones viniesen a perturbar, a modo de obstáculos, el camino hacia el éxito. Acaso ésta sea la principal novedad que la corriente ofrece y que la distingue de anteriores esfuerzos que habían rechazado la vía analítica 1.

Si el psicoanálisis del que partieron pecaba de un saber acerca del sentido como anclaje del ejercicio de su poder, la nueva corriente evita cuestionar el mecanismo sustituyéndolo por un saber diferente y con reconocimiento aparentemente mayor; los inconvenientes de una práctica que la ciencia oficial desacredita quedan ocultos tras el ofrecimiento de un resultado exitoso seguro, probado y comprobado por las poderosas estadísticas. La adscripción al DSM IV permite por una parte la universalización de grupos igualitarios en los que las particularidades de la historia individual se pierden, y la construcción de los célebres protocolos que se les aplican con la mecánica del estereotipo por otra. En breve plazo (duración de las sesiones y del tratamiento se conocen a priori) el defectuoso aprendizaje desadaptativo previo quedará eliminado, al menos en una significativa y convincente proporción – un 80 % por ejemplo – tras la administración de las nuevas pautas a cultivar y seguir. Habrá de ser reemplazado, pues, por una reeducación adaptativa eficaz, sin que haya que temer la recaída o la sustitución sintomática (nuevamente, la portentosa estadística viene a disipar toda inquietud al respecto: el éxito perdura, tan sólido cuan estable, en idéntica proporción porcentual) 2.

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En el inicio la así llamada ética de la receta impone el “consentimiento informado”, es decir el suministro de la lista detallada de “tratamientos disponibles” acompañados por la probabilidad de éxito de cada uno 3. Petición de principio si las hay, dado que ¿cuál sería el posible interés del “paciente” por los procedimientos no exitosos o que carecen de estadísticas competitivas?

A este primer ejercicio del saber constituido le sigue la comunicación del “diagnóstico” (su omisión no sería otra cosa que una errancia ética añadida) con el que se consolida la inyección de ser; la subjetividad se disuelve en el agrupamiento cuya llave es idéntica al protocolo correspondiente.

De todos modos, es sólo el comienzo. Freud afirmaba que, como en el ajedrez, no es en las aperturas y los cierres donde se espera el destello de creatividad o inventiva. En lo que habrá de seguir es donde habrán de aparecer los interrogantes: ¿qué lugar se le asigna al Inconsciente? (por supuesto que no solamente al descriptivo, que es tolerado – más o menos – por cualquier psicología corriente) ¿Qué hacer si el sujeto insiste en relatar sueños, chistes o incurre en lapsus, o referirse a su historia, fuera o más allá de las tareas asignadas? ¿Qué sucede si lo Real viene a deshacer y jaquear el protocolo?

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¿Cómo es, por lo tanto, un “paciente cognitivo ideal”? Debería efectuar un planteo unívoco y sin matices, su “sufrimiento” tendría las mismas características, es decir que coincidiría con un cuerpo molesto que debe ser eliminado. Jamás habría de mentir ni ocultar (aún para decir su verdad), y nunca pretendería dar respuestas equívocas en un cuestionario; la satisfacción necesitaría ser tan alcanzable – sin falla – como la “realidad” sencilla y no paradojal 4. ¿Existe tal ens? Desde luego que sí, como enseña toda experiencia elemental con la (inexistente para el DSM IV) posición histérica y su incesante escrutinio en pos de un amo.

Y la sucesión de preguntas podría extenderse: el terapeuta cognitivo ¿puede dispensar de “terapiar su propia psyché”? ¿Hay interés alguno en conocer cuánto de su propio ideal se juega en el juicio que alega el supuesto de disfuncional? O bien: tras el acartonamiento de las “contribuciones científicas”, ¿existe alguna ventana hacia la cultura contemporánea y al reconocimiento del malestar que le es inherente? Freud pudo escribir acerca de “el múltiple interés del psicoanálisis”. ¿Podrá un enfoque pretendidamente pragmatista intentar una extensión más allá del campo restringido de la adaptación homogeneizante, des-subjetivizadora y des-responsabilizante?

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En este contexto podrá acaso replantearse – y la incumbencia de los psicoanalistas al respecto no es de menor cuantía –  el sombrío, hasta aciago panorama del futuro que el cognitivismo vislumbra para el psicoanálisis: tras el surgimiento y apogeo, la fatal caida y desaparición próximas de una interesante pero envejecida y utópica teoría 5.

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 35

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1 Que es posible abandonar la institución sin hacer lo propio con el psicoanálisis (aunque el gesto envuelva dejar caer el nombre del método) lo prueba la producción de Jonathan Shay, que no por ello cesa de confiar en el poder de la palabra (cf. Shay, J. Odysseus in America, Scribner, New York, 2002). Es interesante, sin embargo, el desconocimiento cognitivo eliminatorio de otras tendencias o escuelas surgidas en EEUU y que asimismo han criticado el psicoanálisis, como la sistémica (la que al menos se preguntaba si “es real la realidad”). Si ésta reprochaba al análisis fortalecerse en el abuso de poder, ¡es una paradoja que aquél le regañe no utilizarlo! Cf. Mattioli, G., “Transference revisited revisited, en Paradojas en psicoanálisis, Logos, Buenos Aires, 1992, pp. 55-81

2  La falacia de la estadística – aunque se haya vuelto el pasaporte obligado para la obtención de la bendición de la ciencia oficial – como causa material y eficiente ya ha sido documentada de modo más que adecuado (cf. Castellanos de Marcos, S. Acerca de la impostura “cientifista” de las terapias cognitivo-conductuales, Psicoanálisis y el Hospital, No. 33, Ediciones del Seminario, Buenos Aires, 2008, pp. 117-123); sin embargo, los porteños tenemos de ello un modelo cercano, obvio y elocuente… ¡el INDEC! (Recordemos que un noticiero local difundió uno de los últimos índices sobreimpreso por encima de la imagen de un magnífico cielo azul surcado por bellas nubes blancas, y acompañado por la voz de Louis Armstrong cantando “What a wonderful world”). Por otra parte, ¿el éxito tiene tal valor demostrativo? El primero de los “cinco casos” freudianos es un ruidoso fracaso terapéutico, lo que no llevó al creador del psicoanálisis a desecharlo tras las sombras de una reducida cifra, sino a interrogarlo más aún.

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3  En los escritos de psicoterapia cognitiva suele aparecer la crítica a los psicoanalistas, que yerran éticamente coartando la libertad de elección al no informar debidamente acerca de la existencia de tratamientos (cognitivos) mejores y de mejores resultados.

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4 Tampoco encontrarían un lugar la polisemia ni el malentendido: una psicología positiva corrige y enmienda los tres aforismos negativos de Lacan.

5  Keegan, E., Psychoanalysis in Argentinian Higher Education, Journal of European Psychoanalysis, No. 7, Roma, 1998-99, p. 81; asimismo en http://www.psychomedia.it/jep/number7/keegan.htm. Sobre los errores de método de tales pronósticos, véase Köhler, Th., La literatura anti-freudiana desde sus comienzos hasta hoy, W. Kohlhammer, Stuttgart-Berlin, 1996

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