¿“Psiquiatría de enlace”,interconsulta psicoanalítica?

Arriba: Fotografía de Sonia Neuburger

Resumen: Un examen de las concepciones teóricas que subtienden actividades similares en el aspecto fenoménico procura subrayar las diferencias para poner en evidencia la disyunción discursiva. Se toma como punto de partida una re-lectura crítica de un texto de un reconocido representante de la Psiquiatría de Consulta y Enlace, comentando los impasses en que a veces lees preciso detenerse al desechar la referencia analítica (sin pretender – ¡todo lo contrario! – que ésta carezca de sus propios tropiezos, ni que una resuelva los de la otra…) Se presentan a continuación escenas de la práctica en la institución hospitalaria (confrontación de metodología y epistemología con médicos y psiquiatras, casos de la clínica de Interconsulta) en las que la divergencia vuelve a plantearse.

Liaison-Psychiatry”, Liaison-Psychoanalysis?

Summary:

Theoretical issues regarding phenomenically similar activities are examined. Differences are stressed in order to bring forth the distinctive discoursive disjunction. A text by a well-known representative of Consultantion-Liaison-Psychiatry is discussed, and some of the “impasses” that the absence of psychoanalytic references may lead to, are assessed (which does neither mean that psychoanalysis is devoid of its own stumbling blocks – quite the contrary – nor that it might eliminate those of the other disciplines’ ) Scenes of the practice in a Hospital are presented: epistemological and methodological discussion with physicians and psychiatrists and Liaison-case-histories, where the divergence is once more stated.

INTRODUCCIÓN

¿Existe alguna diferencia entre la “psiquiatría de enlace” y la interconsulta como extensión del psicoanálisis ? ¿O bien presentan semejanzas que – en más de una ocasión – las hacen indistinguibles ? Si es cierto que hay similitudes o analogías, acaso merecen un examen o elaboración. La psiquiatría cuenta, desde la posición de dominio que la hegemonía médica le otorga, con recursos suficientes para ignorar o encubrir los “impasses” (que hemos presentado en varias narrativas 1), restaurando dicha posición cada vez que una fisura la amenaza. Por ejemplo, asegurando que las verdades que la ciencia avanza son parciales, meras etapas hacia La Entera Verdad del futuro, o que a través de la Integración Multidisciplinaria se logrará el salto de unos cuantos casilleros en dicho juego de la Oca. 2

images (11)

Y, por su parte el psicoanalista no carece de recursos si aspira a dejar su incómoda aunque épica extraterritorialidad para ocupar el sitial imaginario del Amo. La teoría puede rigidificarse y volverse “arma-dura” y las Sociedades o Escuelas utilizar sus escudos parroquiales como eficaz defensa (¿o habría que decir: ataque?). Centremos la cuestión en la disyunción del título. Se trata tanto de una “clínica de los dichos” como de una “clínica de los textos” (permítase la analogía, ya corriente) en los que habrá ocasión de subrayar diferencias – aunque éstas parezcan volátiles – donde las semejanzas hacen imaginar que no existen, y presentar argumentos, aunque rasguñen las certezas. Zbgniew Lipowski – especialista reconocido de la Psiquiatría de Enlace – plantea, por ejemplo 3, que al recibir la enseñanza de ésta, el alumno debe desistir de la adherencia fanática a una teoría, conocer todas y saber utilizar cada una cuando conviene. Hemos elegido detenernos en dicha afirmación, que nos parece condensar parte del asunto. En términos freudianos, sabemos que no hay sino un paso de la “broadmindedness” al l”ack of judgment”. 4 Y Schönberg decía que el camino del medio es, precisamente, el que no conduce a Roma. ¿O será – sencillamente – que los psicoanalistas son un hato de fanáticos religiosos, que aducen racionalidad cuando sólo hacen proselitismo para ganar adeptos ciegos (aunque no mudos) ? Con respecto a las “otras teorías” ¿sólo exhiben desestima e ignorancia ? ¿Hacia donde va la Iglesia analítica: al fundamentalismo lacaniano? Evidentemente, si queremos (¿queremos?) lograr cierta credibilidad, deberemos “dar” algo, aún cuando nos resistimos fanáticamente a presentar resultados o estadísticas. Las cartas barajadas y ya en la mesa, corresponde ahora observar cuál es el juego, antes de presentar nuestra mano…

MATERIAL Y MÉTODOS

Hemos tomado un texto  de Z. Lipowski 5 por los motivos siguientes: 1. como exposición de “cuestiones teóricas” es el terreno donde esperamos que el problema se plantee con mayor claridad 2. como representante de una honesta desestima del psicoanálisis, considerado “a-científico” 3. como condensación y muestra, en fin, de la “psiquiatría de enlace”. Por supuesto que perderemos de vista más de un aporte individual, ¿pero no es el objetivo de las Ciencias médicas lograr una uniformidad universal, donde no haya malentendidos que la subjetividad produce?

En efecto, Lipowski elimina toda referencia a Freud. Sin embargo, se ve obligado a citar exponentes del post-freudismo: cae así, por una parte, en un laberinto del que no puede salir más que mediante invectivas contra la “oscura psicodinámica” (con las que no cabe otra cosa que solidarizarse…). Y produce – por otra – involuntarias superposiciones con las formulaciones freudianas originales. Otro problema es que hace coincidir el campo de la “psiquiatría de enlace” con la medicina psico-somática (y esto se refleja hasta en el título de la publicación en que aparecieron sus trabajos), lo que lo empantana en lograr una definición más o menos firme y “objetiva” del “fenómeno psico-somático”. Y además necesita anclarse en el objetivismo racionalista para “ser más” (¿y lo logra?): ...Psychosomatic medicine is more than a set of techniques, more than an approach; it’s also a science. Veamos, por ejemplo, a qué se llega intentando definir el “stress”: …all processes, whether originating in the external environment or within the person, which impose a demand or requirement upon the organism, the resolution of which necessitates work or activity of the mental apparatus… …”definición” en la que cualquier lector de Freud reconocerá ¡el viejo y conocido “trauma”! Tratando de situar la angustia, …the concept of anxiety presents a considerable epistemological and semantic muddle… se intenta la frase: …defined as an affect, anxiety is characterized by anticipation of an inminent but intangible danger… y, sorprendentemente, se propone como descripción válida la de… ¡Chéjov! 6 La promesa que todo el conjunto ofrece es establecer possible cross-connection laws which state an observable connection… between a psychological and a physiological event…

Luego de enunciar la meta, …an attempt… to define the scope and functions of psychiatric consultant activity in the nonpsychiatric divisions of general hospitals sigue una queja: pese a que el Saber aumenta, … (the) explanatory hypotheses… (have) largely failed to achieve satisfactory validation. Y los “resultados” son magros: …The efficacy of psychotherapeutic intervention… has been unimpressive. Ubica la dificultad: …is it really the whole concept that has reached an impasse or just one particular methodological approach? (se refiere, desde luego, al desacreditado y ya mencionado post-freudismo)

El siguiente tanteo lo internará en la espesa e impenetrable jungla de la “psicogénesis“, donde debe llevar a cabo esfuerzos enormes para orientarse en su periferia, calzando los contradictorios borceguíes de Alexander, Szasz o Wisdom. Descartada la “realidad” de una “personalidad específica” , la generalidad remanente tiene poco valor para explicar cualquier fenómeno singular.

Dejaremos, pues, planteado: 1. nuestro acuerdo en que los textos post-freudianos, alejándose de la dimensión abierta por el descubrimiento del inconsciente, no sientan bases para la elaboración teórica del fenómeno psicosomático; 2. nuestro desacuerdo con que la subjetividad-a-producirse a partir del cuerpo real pueda quedar aprisionada en la mirada de la Ciencia

Y vayamos, pues, a la definición de “stress”: …The stimuli qualifying as psychologically stressful must be perceived …have to be evaluated by the perceiving individual as dangerous; the results of such evaluation, may be partially or totally outside the person’s awareness …the response… includes one or more dysphoric affect as well as coping processes… ¿pero cómo nos enteramos de esto, si no es a partir de un relato? Así es que …all these processes are experienced, communicated and described in psychological terms, i. e. in person-language… ¿Ha llegado Lipowski a una senda más propicia? Que crea en una realidad objetiva tras el significante es su sesgo personal…

La siguiente sección de la exposición teórica del artículo se halla dedicada a examinar el concepto (de Schilder) de imagen corporal, ...a bridging construct between the psychological, biological, and social modes of abstraction... Entre mitos del “desarrollo” , de la completud de la “personalidad total” y “realidades fisiológicas subyacentes”, se intuye la presencia del Otro en su determinación: …there is a continual interchange between our own body image and the body images of others; body image is a social phenomenon. Sin duda, tomar la alienación especular para considerar el cuerpo como superficie de inscripción no es un mal punto de partida. Será todo un problema hallar una común medida – si es que existe tal cosa – con lo Real del cuerpo, el organismo, la pulsión. Proponer la “elección de neurosis” como resultado de la disyunción de ambos registros no carece de audacia: …the choice of psychosomatic symtoms… was partly determined by the degree of definiteness of perceived body boundaries. Thus persons with definite boundaries tend to develop symptoms in the exterior body layers; persons with indefinite boundaries are more likely to show symptoms in the external organs... …sin embargo, conviene recordar otra vez que no nos enteramos de tales “límites corporales” más que por la mediación significante.

La última parte – antes de destacar la “medicina psico-somática” como enfoque metodológico (cuyos principios hemos comentado en otros trabajos 7) – recapitula el esfuerzo anterior, aplicado esta vez a la “somatización”. Se encuentra la misma oscuridad psicoanalítica, toda vez que se invoque la “regresión” como mito de una realidad en lugar de considerársela una realidad mítica, es decir, el retorno de los significantes usados por la demanda. Así, Lipowski encuentra aceptable el “término genérico” como “metáfora somática”: un fragmento corporal devenido significante enigmático: …somatic changes symbolically expressing ideational content… communication of psychological distress in bodily metaphors... …y reconoce la dificultad que anuncia investigar in extenso en el futuro.

Dejemos ya los textos y pasemos a otra escena: la del Hospital, el contacto cotidiano con los pedidos de Interconsulta, con los médicos y sus pacientes. Oportunidad de revisar qué asistencia brindamos, los fundamentos de nuestra práctica, y examinar sus ríspidos bordes con otros discursos… ¡sin excluir el de la “psiquiatría de enlace”!

En la institución, es conocido el vel del psicoanálisis: o bien adherir al Ideal Social y asimilarse – horribile dictu – al Orden Médico, apostando “resultados” (estadísticas, protocolos) para ganar su pan al tiempo que pierde su ética, o regocijarse en la vanidad sabihonda del marginal, sin aspirar a reconocimiento alguno. En la Interconsulta puede ofrecerse otra salida. La demanda puede tener un contenido manifiesto: el pedido de psiquiatrización. Con dicho sentido puede releerse la frase de Silvina Gamsie: los servicios de psicopatología son sospechados de inoperancia 8. Honrosa inoperancia, si por tal cosa se entiende no psiquiatrizar a nadie ni apuntar a ninguna “eficiencia” psico-fármaco-anestesiante. La para-respuesta de una intervención psicoanalítica no apunta a tal “resultado”, precisamente. Aceptar, recibir la demanda ¿envuelve proponer un engaño, o prestarse a un malentendido? Si la interconsulta la realiza un psicoanalista (o alguien que se sitúe en el discurso analítico) tanto el médico como su paciente obtienen… un Otro a quien dirigir su palabra. ¿Es poca cosa? Por otra parte, los “resultados” de la psiquiatría ¿son tan eficaces? Los psiquiatras biológicos hablan – por ejemplo – del tratamiento psico-farmacológico de por vida de los “trastornos de pánico” o del “TOC”, para evitar las “recaídas”….

El concepto y la práctica de la interpretación están, sin duda alguna, en un momento de crisis. 9 Si en el psicoanálisis en tanto tal toda la práctica interpretativa debe replantearse desde el comienzo, ¿qué decir del doméstico ámbito de la Interconsulta? Como extensión del análisis, si en éste la interpretación es ya difícil, podemos esperar que sea aún más dudosa y hasta imposible… El principio básico de una extensión es: no pretendemos “psicoanalizar” a nadie. Lo que no impide que se produzcan efectos analíticos o que pueda situarse las coordenadas de una transferencia.. ¿Y la interpretación? ¿Ha dejado de ser un instrumento básico de la práctica, quedando reemplazada por el así llamado “acto” ? (cuyo carácter de interpretación vuelve a mencionarse, en una espiral que nadie detiene) Nos enfrentamos, pues, con una de las paradojas del análisis. Verhaeghe 10 la resume en un koan (paradoja de ejercicio “zen“): El síntoma ya es su propia interpretación, por lo que añadir otra, aún la más sutil o exquisita, no tendría más eficacia que una nueva mano de pintura. Pero no hacerlo inmoviliza y procrastina al analista en un impotente “écouterisme” . Una interpretación es una ilusión, advierte el post-modernismo. Nada ni nadie se salva: la Ciencia con sus “hechos objetivos verificados por estadística” (tal vez la más cercana al ridículo de la impotencia que cualquiera), las Escuelas analíticas (o de otro tipo) con Su-Interpretación-Más-Exacta -Que-Las-Otras… Pretendemos encontrar el hueso de lo Real, cifrarlo con un “elemento” algebraico que, a segunda vista, no resulta ni tan “elemental” ni tan real. Re-iterpretamos, sobre-interpretamos… ¿hasta convertirnos en neo-pragmáticos? Nadie aceptaría que la interpretación más verosímil es aquélla con la que debemos quedarnos, ya que todos queremos la verdadera.

Una cardióloga solicita la asistencia en el caso de una paciente de 68 “no angioplastizable“, próxima a un “triple by-pass“, con la indicación “sindrome depresivo de difícil manejo“. La mujer llora continuamente. La interconsultora no encuentra a la médica hasta el día siguiente. Entre tanto, entabla relación con la paciente, quien le habla de su miedo a morir, de su hijo muerto hace 6 años (a los 33), de su fantasía de hallarse en un puente al final del cual su hijo la llama. El trabajo que lleva a cabo atraviesa el significante puente, proporcionando nuevos elementos para una red asociativa. El mismo lugar de la transferencia puede ser un puente, que el interconsultor realiza en su tarea cotidiana con los médicos, los enfermeros; al ser trasladada la paciente a quirófano y luego a la Unidad de Terapia Intermedia, la analista debe retomar su acto entre nuevos rostros y procurar el desarrollo de la Interconsulta según lo exija dicho cambio de sitio.

Durante una discusión entre psicoanalistas y psiquiatras, frente a la pregunta ¿quién demanda una interconsulta? se dividen los espíritus, las concepciones teóricas y las metodologías. ¿Puede alguien que no sea el médico formular su demanda en un Hospital? Hemos dicho, y escrito que acudimos ante el llamado, cualquiera sea su proveniencia: una enfermera, el mismo paciente, otro paciente que, al vernos recorrer la sala, se muestra preocupado por su compañero de enfrente, etc. Puede haber quien no acepte tal posibilidad: la única demanda reconocible es, entonces, la del médico, y la sumisión al “modelo médico hegemónico“, incuestionable (aún cuando el interconsultor sea un “psicólogo“); si el paciente tiene algo que decir o pedir, que lo haga, pues, en la oportunidad de concurrir a Consultorios Externos. Durante su internación, ¿carecerá de palabra? Por otra parte, un miembro del Equipo “de Enlace” de un Sanatorio Privado menciona que sólo la marginalidad ad-honorem de los psicoanalistas en el Hospital Público les proporciona semejante libertad de acción. En una institución paga, sólo se admiten las prácticas nomencladas. Lo que no se factura no puede hacerse, por lo que no existe. En el Hospital, los psicoanalistas en exceso pagan por su propia (y excedente) tarea. Una psicoanalista-interconsultora explica que si un paciente, al verla circunstancialmente en la sala, le demanda ser escuchado (solicitud que – aclara – ella no rechaza), no se trata de una interconsulta en tanto ésta no signifique una fisura en el acto médico, que queda entonces suspendido u obstaculizado. Con este objetivo en el horizonte, el origen de la demanda deja de ser exclusivo. Y añade un relato de su experiencia: Una médica le solicita que vea a un paciente que se niega a colocarse una vía. Se sobreentiende el pedido, que envuelve su particular y significativa versión del “biendecir“: debe convencerlo de someterse al procedimiento. Acude, pues, a la cama del enfermo, sin transmitir necesariamente a la médica que su tarea no es convencer a nadie, y con el propósito de observar con detenimiento el campo que se le propone. El paciente la recibe quejándose de que no soporta el dolor que sufre, y al que se le agrega el de las prácticas de extracción de muestras de sangre. Le hace ver sus brazos, cubiertos de hematomas. El diálogo continúa por más de una hora: él despliega diferentes episodios, relatos, cuestiones personales y de su historia. En ningún momento se habla de la inquietud de la médica, que originó el encuentro. Tras el mismo, la interconsultora la busca para comentarle lo trabajado. No la encuentra. Fue la médica, apresurada y sorprendida, quien la ubicó algo más tarde. El paciente le había pedido que le colocara la vía. ¿Se trataba de algún pase mágico, de algún arcano de cierta ciencia oculta? La interconsultora sostiene que puso en práctica un acto analítico.

Tres aspectos de la disparidad se perfilan en este episodio:

1. si se trata, acaso, de un punto en el que puede transmitirse esta diferencia al médico: no una función “educativa“, pero tal vez sí didáctica.

2. si los psiquiatras pueden distinguir el campo ético que implica la experiencia, cuando es conducida de tal modo.

3. que el discurso analítico no pone aquí “algunos retazos de su saber al servicio del Orden Médico” (“opción política“, según Clavreul), sino que se sostiene en su heterogeneidad con respecto al mismo.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

En la biblioteca del Departamento de Clínica Médica, dos jóvenes médicos clínicos y un psi intercambian impresiones acerca de la investigación clínica, para uno y otro ámbito: oportunidad para poner a prueba los métodos del análisis. El uno-por-uno de estos últimos les provoca desazón (a los tres) . ¿Para qué entonces una publicación nueva, el relato de un caso? No es posible ampliar ni hacer progresar la teoría dentro de un paradigma ya existente: es la lección de la historia del psicoanálisis. Cada vez que un nuevo territorio ha sido propuesto, se ha realizado a expensas de la demolición o desconocimiento (parcial) de lo anterior. Melanie Klein puede ejemplificar el segundo proceder. Lacan representa el primero: a esta altura, y no obstante nuestro amor desenfrenado por sus textos, nadie puede sostener que el “retorno a Freud” no se basa en la construcción de un Freud enteramente novedoso (desde luego, reciclando extensos fragmentos del original). ¿Para qué la presentación de una experiencia clínica más? Ya que, aún dejando de lado la cuestión de la “repetición de lo nuevo” kierkegaardiana, sabemos por anticipado que no nos aportará nada acerca de la que le habrá de seguir. Ningún procedimento que poner en práctica, ningún esclarecimiento que ayude a nuestro desenvolvimiento futuro. Con cada “caso” se está igual que al “comienzo” , desoladora situación vigente para la neurosis como para la psicosis. Para empeorar la situación, tal metodología cuestiona en su raíz los intentos de “objetividad” lograda por medio de procedimientos de encuesta, como los diagnósticos DSM IV. Todas las escalas se derrumban. ¿Qué es lo que permanece? Si no somos más – ni menos – que narradores de historias, la pregunta equivale a interrogarnos para qué leer una nueva novela, o para qué releer una vieja. La referencia a un “marco teórico” la reviste con una traducción que brinda la satisfacción de una buena puntuación o sintaxis. Si pretende tener caracter demostrativo – aún cuando sea ilusorio – puede insertarse en la ya mencionada épica del psicoanálisis: en tal caso determinado y puntual, hubo experiencia y acto psicoanalíticos, lo que nos deja con la agridulce esperanza de que puede volver a haberlos en otro momento.

El texto de una interconsulta menciona que se trata de un paciente diabético insulinodependiente. El pedido proviene de la especialista en pie diabético. Ha debido convencerlo de que aceptara la amputación de una pierna (que, entretanto, ya ha tenido lugar), y lo ve deprimido . Conoce mucho de su historia, y concluye sus encuentros con él insistiéndole en pensar en positivo (privilegio del médico que nos está vedado) . El paciente mismo ha solicitado un psicólogo , habiendo recurrido antes a un grupo de autoayuda para agorofóbicos (sic). De “depresión” , poco o nada: antes bien, un sonriente tono de desafío socarrón. Me explica que sabe bien que hay dos tipos de “terapia” : la “freudiana”, en la que se repasa toda la historia, y la “cognitiva” . Descarta la primera: a él le interesan sus “problemas actuales“. En la segunda entrevista retoma sus consideraciones “científicas” al comienzo. “Mire, quiero decirle una cosa: yo no quiero repasar toda mi historia“. “Ya me lo había dicho” , le respondo. Y él continúa hablando de su diabetes, sus descuidos, sus transgresiones a los médicos, su relación con su familia… Le digo que, pese a haberme dicho que no quería repasar su historia, no hace otra cosa. Queda golpeado. “Yo soy muy contradictorio“, dice, re-armándose . Con énfasis, dice que quiere que venga a verlo nuevamente. Ambos, según creo, tenemos la sensación de haber “tocado” algo real, – el re-conocimiento subjetivo en el develar de lo no-dicho – experiencia única y no trasladable, pero que por sí sola puede situar la diferencia entre una interconsulta psicoanalítica y la “psiquiatría de enlace”. Sin “adhesión fanática a una teoría” (que debe distinguirse muy cuidadosamente de “no ceder en el deseo-del-analista”) ni “hipótesis explicativa psico-dinámica“, ambos fantasmas de la objetivización cientifizante. 11 10/99

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 24

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1 Véase R. Neuburger, Los psiquiatras y el psicoanálisis, Psicoanálisis y el Hospital, No.9, 1996; La ética en las instituciones, Psicoanálisis y el Hospital, No. 12, 1997.

2 Se trata de un juego infinito porque la verdad opera allí como causa formal, dejando tres raíces de la razón suficiente fuera de cuestión. Cf. J. Lacan, La science et la vérité, Écrits, Seuil, 1966.

3 Lipowski, Z. , Consultation-Liaison Psychiatry: An Overview. The American Journal of Psychiatry, 131:6, 1974, p. 628

4 Ya en la nota para el Medical Review of Reviews (1930, S. E. , XXI; AE, XXI, p. 252-3), Freud se refiere a los esfuerzos de adaptar el psicoanálisis a la ideología americana, desenmascarando una supuesta “amplitud mental” en tanto no es más que “falta de juicio” (en inglés en el original) . Es significativa la vigencia de todo el contenido de dicha nota. Véase asimismo: Pujó, M. : Psicoanálisis y Medicina, Psicoanálisis y el Hospital, Vol. 7, 1998, p. 13 y 16.

5 Lipowski, Z , Review of Consultation Psychiatry and Psychosomatic Medicine. III Theoretical Issues. Psychosomatic Medicine, Vol. XXX, No. 4, 1968, p. 395-422. Abajo se hallará la traducción de las citas en inglés.

6 En el relato comentado por Lacan en el Seminario “La Angustia”

7 Neuburger, R. , La intersección Psicoanálisis-Medicina, Psicoanálisis y el Hospital, 1998, Vol. 7, No. 14, p.38; De este lado del Océano, Psicoanálisis y el Hospital, 1999, Vol. 8, No. 15, p.138

8 S. Gamsie, La interconsulta, una práctica del malestar. Psicoanálisis y el Hospital, No. 5, 1994

9 S. Benvenuto, The Crisis of interpretation, Journal for European Psychoanalysis, No. 6, 1998

10 P. Verhaeghe, Does the Woman exist? Other Press, New York, 1999. Véase también: C. Glasman, La palabra, enfermedad y remedio del psicoanálisis. Psicoanálisis y el Hospital, 1999, Vol. 8, No. 16, p. 54

11 ¿Qué sucedió antes, durante y después de mi intervención? ¿Por qué la hice? ¿Con qué propósito? Podría contestar que lo hice al detectar una fisura, una contradicción. También podría sostenerse – a juzgar por el efecto producido – que, sin saberlo, yo estaba en el lugar del Otro al hablar. Es posible que la respuesta del paciente sea una expresión de la universal “pulsión interpretativa” , con la que se aleja de lo real, del que nada quiere saber. Por supuesto que podría decirse que un “psiquiatra de enlace” sería capaz de una intervención similar: no es cuestión de llevar la ya mencionada épica necesaria del psicoanálisis a extremos de terrorismo intelectual. Aquél podría considerar, por ejemplo, que el psicoanálisis es “una de las tantas herramientas” a utilizar, entre las que brinda el arsenal de la Psiquiatría. Pero si así lo hiciese, actuaría desde una hipotética posición analítica que abandonaría y desconocería inmediatamente después – por ejemplo, incluyendo el caso en un “diagnóstico” o en una “estadística”. Tampoco el analista lo es para siempre, sino – reconozcamos – solamente en momentos particularmente felices de apertura del Inconsciente, que de inmediato, ¡ay! vuelve a cerrarse… Solemos “hacer semblant” de serlo por más tiempo: ¿nos coloca dicha actitud en mejor posición?

Traducción de los textos en inglés: …La medicina psico-somática es más que un conjunto de técnicas, más que un enfoque; también es una ciencia. …todos los procesos – se originen en el entorno externo o dentro de la persona – que imponen una demanda o requerimiento al organismo, cuya resolución necesita trabajo o actividad del aparato mental… …el concepto de ansiedad presenta un lodazal epistemológico y semántico considerable. …definida como un afecto, la ansiedad se caracteriza por la anticipación de un peligro inminente pero intangible… posibles leyes de conexiones cruzadas que enuncien una conexión observable… entre un evento psicológico y uno fisiológico… …un intento… de definir el objetivo y las funciones de la actividad de consulta psiquiátrica en las divisiones no psiquiátricas de los hospitales generales …(las) hipótesis explicativas… (han) fracasado ampliamente en cuanto a obtener validación satisfactoria. …La eficacia de la intervención psicoterapéutica… no ha causado gran impresión. … ¿es realmente todo el concepto el que ha alcanzado un impasse o tan sólo un particular enfoque metodológico? … Los estímulos que pueden ser considerados como estresantes en el aspecto psicológico deben ser percibidos… deben ser evaluados por el individuo que percibe como peligrosos; los resultados de tal evaluación pueden hallarse parcial o totalmente por fuera de la conciencia de la persona… la respuesta… incluye uno o más afectos disfóricos y, asimismo, procesos de su manejo…. todos estos procesos se experimentan, comunican y describen en términos psicológicos, es decir, en lenguaje personal… … un concepto-puente entre los modos de abstracción psicológico, biológico y social… … hay un intercambio contínuo entre nuestra propia imagen corporal y las imágenes corporales de otros; la imagen corporal es un fenómeno social. … la elección de los síntomas psico-somáticos… se hallaba determinada en parte por el grado de definición de los límites corporales percibidos. Así, las personas con límites definidos tienden a desarrollar síntomas en las capas exteriores del cuerpo; es más factible que las personas con límites indefinidos muestren síntomas en los órganos exteriores… …cambios somáticos que expresan simbólicamente un contenido ideacional… comunicación de sufrimiento psíquico en metáforas corporales

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