Transferencia anónima sin demanda

Arriba: Teatro Cervantes, Buenos Aires

¿Usted sabe qué es un femicidio?”

Acaso mi mirada de desconcierto subrayó la vacilación, o inexistencia, del “sujeto supuesto saber”, lugar vacante. Cualquier asociación, o intento balbuceante de definición sobre la base de referencias conocidas, hubiera sido absorbida por el vacío.

“Es cuando le hacen matar o matan a un primo”

Tanto la pregunta como la inmediata explicación ponen en cuestión al otro al que van dirigidas. ¿Qué posición adoptar? No es, por cierto, la primera vez que en lo que el psicoanálisis lleva como trayectoria se intenta pormenorizar la significación de la transferencia en el mayor de los enigmas clínicos con los que nos vemos; antes bien, daría la impresión de que la pregunta con la que se inicia este encuentro, y su respuesta, siempre han estado allí.

Pero es un momento al que seguirá un prolongado silencio. Minutos, horas, días, hasta meses en los que la ausencia de quien las ha enunciado suspende el acto. Pero la nueva reunión se iniciará con una rígida sonrisa acompañada de una comprobación de apariencia fáctica:

Estoy mejor”

…y otras tantas preguntas:

¿Ud. sabe si las personas son neuronas? ¿Se mata una persona matándole las neuronas?”

A esta altura, no será extraño que de inmediato y sin transición alguna siga el relato de un sueño:

Estaba en mi casa de antes, de dos pisos. Está mi papá y mi abuela; hay una mujer en la pieza, y mi papá entra. Me quiero acostar con los vecinos pero eso no nos cambia, no funciona la imagen; en otros momentos soy rebelde, el año pasado no la podía encontrar y era el dos de diciembre. Es muy enfermizo que esté de acuerdo; no hay vueltas, con la mujer que estaba en mi habitación existía eso pero mi papá lo impedía, quería estar él con ella. ¿Sabe qué es un espejo? Es como una hendidura en una puerta, un agujero que refleja una imperfección en la familia, es como un globo, una ventana  por la que se ve hasta el cielo; los reflejos no dejan pasar daños que perjudiquen el cuerpo”.

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Gérard Miller menciona el “análisis sin demanda”, en el que un paciente internado le repetía, “no le he pedido nada” – pero no sólo a él, sino a quien quisiera acercársele – “su delirio no le concernía más que a él; del otro, no esperaba nada…” y concluye que si “el deseo aún no se halla decidido”, se vuelve necesario añadir un término para formar la sucesión, “voluntad, demanda, deseo, goce”; el primero – cuerpo auterótico, extraño y ajeno – “tanto menos fundado para inaugurar la experiencia analítica cuanto le escapa… cuando la relación imaginaria que el sujeto mantiene consigo mismo sobredetermina la que mantiene a su vez con el otro”.

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Gérard Miller

Y por su parte, Dominique Miller se refiere a una “transferencia anónima”, en tanto si bien puede localizarse un sucedáneo de ésta, de la que es testimonio una constancia en venir, “no es en nada analítica”. 1

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Dominique Miller

Mucho antes, François Perrier había intentado situar las coordenadas de la transferencia (mutua) en el encuentro con el psicótico. “¡Pero ese es el retrato patente de mi analista!” es la expresión sorprendida que describe la extraña “inversión” que dicha reunión pone en juego: una figura acaso opaca, cuyo deseo es una incógnita absoluta, apenas una hipótesis, y que casi parece ignorar al sujeto que tiene en su supuesto campo visual. El analista “está al descubierto y no debe temer estarlo”; la percepción tan especial y exquisita del psicótico tornaría inútil “todo subterfugio y toda actitud compensatoria”, lo que “sería operativo para ayudar (al psicótico) a tomar conciencia de la existencia del otro en tanto tal, diferente de él”, lo que por cierto no es nada firme ni asegurado 2. Para la misma época y en nuestro medio, David Liberman – sin los recursos teóricos con los que contamos los que intentamos seguir la enseñanza lacaniana, pero con un sentido clínico que no es cuestión desdeñar, a menos que queramos desconocer, repudiar y obliterar nuestro pasado – hablaba de “analizando con estilo reflexivo que busca incógnitas y no crea suspenso3.

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David Liberman

Aún antes, Harold Searles, uno de los pioneros del trabajo analítico con psicóticos en Chestnut Lodge, describía cuatro variantes de sus transferencias, según permanecieran en el abismo de la no-relación con el otro, o progresaran hasta admitirla, aún cuando “el paciente profunda y crónicamente confuso, quien en la infancia se ha acostumbrado a que uno de sus padres piense por él, trate de perpetuarla a fin que (…) el terapeuta haga la labor cogitativa en su lugar”. Hemos procurado enumerar la presente enunciación clínica según dicha progresión, de preciso contenido descriptivo 4.

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Harold Searles

En tiempos en que el concepto de transferencia no podía trascender la restricción de una bi-dimensionalidad imaginaria – la autorreferencia kleiniana del “hic, nunc et mecum” – sorprende ver a Searles, guiado por una percepción clínica más refinada, en un comentario crítico de los preceptos “técnicos” de Bion o Rosenfeld a quienes se opone: “rara vez encuentro adecuado comunicar interpretaciones de transferencia al paciente que aún se halla profundamente en la esquizofrenia crónica5; con lo que las figuras subvertidas (silenciosa de un lado, atónita del otro) que dibuja Perrier se nos presentan nuevamente en su impenetrable coherencia.

Viene siempre acompañado por su avejentado y silencioso padre, pero entra solo (a menos que se presente lo que aquél considera inquietante, como un supuesto insomnio ocasional). Sólo hace un mes desapareció su madre, pero ninguno de ambos parece registrarlo en tanto episodio significativo.

Siempre miro pornografía y me masturbo, pero me cuesta eyacular. Se lo digo a los ancianos en las reuniones (de una agrupación religiosa cerrada) y me dicen que no lo haga, pero lo vuelvo a repetir. En las reuniones hay chicas, pero no tengo relación con ellas, salvo cuando meditamos o voy a predicar. En el colegio no me acercaba a ellas. Mi papá es de… y mi abuela también, pero mi mamá y una tía eran católicas. Primero yo iba a la iglesia, pero después entré en… Pero la eyaculación no es posible”.

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Su relato transita habitualmente por el mismo sendero una y otra vez, sin atravesarse con el contrapunto de alguna expresividad, es decir, una recitación objetiva sin matices en registros ni acentuación emotiva… en fin, un perpetuo monocromatismo. Una única vez narra un sueño, asimismo único, que reitera literalmente trozos de su discurso:

Soñaba que estaba…que me casaba con la chica que conozco y que me gusta. Yo llevo mi maletín de…, y ella es católica y en la iglesia me caso. Estoy solo, o que me estoy masturbando pero no puedo eyacular… a veces, lo soñé un par de veces”.

 

La neurosis refleja como espejo, la perversión fascina y aterroriza, la psicosis nos enfrenta con un acertijo ominoso” – frase con la que Paul Verhaeghe nos introduce en su recorrido pormenorizado de la tercer estructura que propone y analiza – “Mientras que en los días de antaño se acostumbraba a escuchar al paciente psicótico, hoy todo el foco se encuentra en las soluciones farmacológicas y neurobiológicas, con lo que arriesgamos perder el rico conocimiento clínico de otros tiempos”. El acento deberá recaer en el Otro como lenguaje al construir una mitología  de la progresión desde los orígenes “prehistóricos” no dialectizables de una “ausencia radical”, hasta un desarrollo delirante y restitutivo en la que se llegase a un “reposo” de certeza casi inmóvil. El enfoque de la transferencia que Lacan  llamara “erotomanía mortificante” habrá de proponer la elaboración de tal dominio y procurar rodear la asignación que el sujeto podría atribuirnos, de “voluntad de goce”, en la que el mismo sería objeto. Y recibir, admitir el producto de aquélla, en tanto construcción que se constituya en objetivo 6. Cosa a tener muy en cuenta, ya que en el caso que presentamos puede impresionar la diferente percepción, de satisfacción autocomplaciente y estable por una parte, de restricción reiterativa por la otra.

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Paul Verhaeghe

Tengo la sensación de tener sueños premonitorios: por lo que pasó en… (aquí menciona una ciudad en la que había sucedido un grave accidente con fatales consecuencias, iniciado por una falla en la provisión de energía); tenía que cargar con un caño, que era el pene de un herrero; sí, el caño de energía es muy parecido a un pene ya que es como una goma y se infla; el pene también, aunque la parte de los testículos no. En el sueño me decía ¿qué hago con esto? Y yo sueño mucho con cargar cosas, sí, las cosas del barrio. Creo que es un mensaje, que alguien me quiere hacer algo…Pero trato de no hacer caso a nada, miro para otro lado y no le doy importancia.

Suck it up

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Frieda Fromm-Reichmann

En su notable volumen que examina de manera detallada el espacio de la locura, Darian Leader parte de proponer la evitación de una posición de amo por parte del terapeuta, lo que involucra la deferencia y tolerancia ante la producción delirante (con notables antecedentes de similares principios, como Frieda Fromm-Reichmann, muy lejos de propósitos espurios de adaptación y “normalización” de la psiquiatría) del mismo modo que el encuentro con una creación artística (campo del que el mismo autor se ha ocupado analíticamente con la misma precisión), en este caso salvaguarda de que no haya desencadenamiento, acaso principal y hasta única finalidad de nuestra labor. “Si no hay fórmulas o recetas para el trabajo con los pacientes psicóticos, aún podemos esperar (…) estrategias que respeten la necesidad de estabilización, compensación y la creación de modos únicos, individuales de anudar lo simbólico, lo imaginario y lo real”. Desde luego, la multitud de ejemplos clínicos de su práctica y de otros presenta episodios particulares y no generalizables (como situaciones relevantes de denominación, confianza, historización o subsistencia que el psicótico verifica y con las que se reasegura) 7. Es la expectativa de que el último relato de sueño que presentamos siga tal derrotero, en alguien que concurre a la cita de modo irregular pero firme, manteniendo una existencia social sin sobresaltos ni irrupciones; acaso éstas puedan ser contenidas en su sueño, y el relato contribuir al equilibrio – aún cuando inestable – anhelado.

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 44

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Darian Leader

______________

1 Miller, G., Des analyses sans demande, Ornicar ?, No. 38, Navarin Éditeur, Paris, 1986, pp. 79-80 ; Miller, D., Les trois transferts, Ornicar ?, No. 33, Navarin Éditeur, Paris, 1985, p. 31

2 Perrier. F., Fundamentos teóricos de una psicoterapia de la esquizofrenia (publicado originalmente en L´Évolution Psychiatrique, No. 11, 1958), en El Cuento de la Buena Pipa, Ediciones Petrel, Barcelona, 1981, pp. 322-323

3 Liberman, David, Lingüística, interacción comunicativa y proceso psicoanalítico, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1976, Tomo II, p. 672-676

4 Searles, H. F., Transference Psychosis in the Psychotherapy of Schizophrenia (1963), en Collected Papers on Schizophrenia and Related Subjects, International Universities Press, New York, 1965, pp. 669-695. La institución psiquiátrica Chestnut Lodge se encontraba (hasta 2009) en Rockville, Maryland, Estados Unidos de Norteamérica; en ella se desempeñó asimismo Frieda Fromm-Reichmann, de la que será cuestión más adelante. (mis traducciones de las citas, R. P. N.)

5 Ibid., p. 695; para el texto de Fromm-Reichmann, Notes on the Development of Treatment of Schizophrenics by Psychoanalytic Psychotherapy, Psychiatry, II, 1948, pp. 263-273, cf. http://www.psychodyssey.net/wp-content/uploads/2012/05/Fromm-Reichmann-Psychiatry1948.pdf

6 Verhaeghe, P., On being normal and other disorders, New York, Other Press, 2004, pp. 429-458 (mi traducción, R. P. N.). Lo peligroso de la intervención farmacológica ignorante del carácter de “tentativa de curación” del delirio se halla puntualizada asimismo en el opúsculo de Néstor Braunstein, “Clasificar en Psiquiatría” (Siglo XXI, México, 2013, passim), impugnación “foucaultiana” de las lamentables condiciones de la psiquiatría actual; esperamos que el término “psicosis”, que hemos empleado aquí con generosidad redundante, se encuentre todavía reservado con oportuno rigor dentro del pequeño espacio en que los psicoanalistas intentamos – aún – alojar los encuentros que relatamos, al margen – o a pesar – de la medicación…

7 Leader, D., What is madness?, Penguin Books, Londres, 2012, pp. 294-322 (mi traducción, R. P. N.)

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