Transferencia e Interconsulta

Arriba: Barrancas de Belgrano, Buenos Aires

En una carta a Pfister, Freud llama a la  transferencia ”calamidad residual indeclinable”. Por supuesto, es asimismo la herramienta privilegiada de trabajo con el Inconsciente. Y no podría ser de otra manera en la institución hospitalaria.

pfister

Oskar Pfister

En distintas oportunidades se ha intentado definir o formalizar las particularidades  de la transferencia en dicho medio -por ejemplo, en relación con la urgencia 2 -; aquí, en un terreno que mucho tiene en común con esta última como es el de la Interconsulta, solamente habremos de mostrar algunos ejemplos. En ellos encontraremos muy estrictas acotaciones de tiempo y ubicación.

Desde luego, es el tiempo lógico el que pesa, pero no queremos hacer del concepto una coartada. Esperamos, no obstante, que se reconozcan -aún sin su mención explícita- algunas de las coordenadas transferenciales que la práctica analítica pone en juego (desde luego, esta afirmación apenas sitúa un horizonte, y la Interconsulta no es sino un procedimiento “en extensión“). Para ello, creemos que no es preciso  ninguna “traducción simultánea”, ninguna paráfrasis ni re-escritura en los términos de algún código emblemático.

Se observarán, pues, las distintas modalidades de un vertiginoso recorrido por la psicopatología. Es sabido que el análisis apunta a la singularidad pero, al mismo tiempo, no puede evitar un armazón nosográfico.  En ese marco y en lo que concierne a la práctica de la interconsulta, las neurosis con las que “tropieza” el analista no siempre son de transferencia, en tanto ésta no siempre llega a instalarse.

Precisemos también, desde el comienzo, otro límite: nuestra intervención debe realizarse respetando un narcisismo ya bastante injuriado. En el caso del médico, por la falla inherente a la Ciencia, a la que se suma, del lado del paciente, el padecimiento físico.

I.

Es alarmante la frecuencia del pasaje al acto bajo la forma de sobredosis de psicofármacos.  A veces hasta amenaza volverse una presencia prácticamente habitual en la institución ; para defenderse de ella, ésta suele administrar recursos casi igualmente rutinarios y no pocas veces expulsivo-eméticos, que constituirían así una suerte de imagen especular respecto del problema planteado.

Se nos requiere entrevistar a una joven desafiante y soberbia, internada en la Sala de Clínica. Según relata, también ha sido un impulso irrefrenable que la ha desarraigado de sus padres cuando se trasladó desde el interior a la Gran Ciudad. Antes de tal decisión, pasó por el trámite de ser “terapiada”. Desde luego, fue en vano. Si había aceptado someterse al ritual psicoterapéutico, ocultó cuidadosamente durante el mismo su propósito: confirmar una acusación, un reproche que le dirigía a su padre. En efecto, éste la había decepcionado hasta la desesperación, cuando se enteró de que era … infiel.  De ahí en más, todo el mundo se le había convertido en una impostura, en un depósito de engaños.

En cada una de sus palabras – donde no falta el sarcasmo de una promesa retórica: asegura que jamás habrá de repetir la orgullosa transgresión de tomar un puñado de pastillas- es evidente que ninguna donación fálica podrá aquietar su encarnizada sed de hacer tambalear al Otro allí mismo donde pueda ella sospechar la exquisitez (la estupidez) de un punto narcisista. Este proyecto repetitivo es prolijamente ocultado tras una clásica belle indifférence.

            ¿Ocultado? No siempre. Por ejemplo, es rápida para afirmar que su acto tenía un destinatario: su “novio”. Para que no queden dudas acerca de la cualidad edípica  de su elección, nos enteramos que él la triplica en edad … ¡Tragáte esto! parece haberle dicho al ingerir los comprimidos.

Tampoco  puede haber titubeo al considerar que del Falo se trata: con un movimiento veloz se yergue junto a su cama, se exhibe erecta y afirma que se dedicará a ser … Modelo.  Escucharla allí es superfluo: hay que verla.

Aclaremos que no está sola: a su lado hay … otra mujer. Yo soy su amiga; soy como su madre -aclara ésta. Hallándose completo el juego de la procuración sexual, ¿qué queda por agregar? Si es que alguna vez hubo falla, hace tiempo parece haber pasado al olvido. Y poniendo la firma, ambas anuncian que de inmediato el trío volará a un país distante.  Apenas faltan unas horas para la partida y deben retirarse corriendo.  Por supuesto, ambas prometen que en el lugar de destino ella realizará “una terapia”. Ni hablar de esperar que el Jefe de Sala le “” el “alta”. ¡ Tan luego a Ella van a pedirle que aguarde algo del don de un hombre !

II.

Un llamado pidiendo una interconsulta nos llegó de modo sorprendente. El primer mensaje simplemente mencionaba el pedido de ir a ver a un paciente “porque sueña”. ¿Qué había pasado? ¿Por fin el “psi” era reconocido como “experto en sueños”?

Precisando un poco la cuestión, pudo saberse que se trataba de supuestos “sueños traumáticos” en un accidentado, inmovilizado en su cama de la Sala de Traumatología.  El médico que enunció el pedido nos dijo que el paciente “soñaba con el accidente”.

Esperábamos un sujeto angustiado por un trauma que no lo deja en paz. Sin embargo, nos encontramos con un hombre joven de buen humor, que acepta complacido la entrevista y se halla muy dispuesto a narrar sus aventuras, tanto las oníricas como las cotidianas.

La curiosidad por averiguar un dato sin trascendencia lo llevó a cruzar descuidadamente una avenida. Un automovilista tan descuidado como él lo atropelló y como consecuencia de ese accidente llega a la Sala, donde aguarda ser operado. Sus sueños, sin embargo, no presentan la escena del accidente en tanto tal, sino ya transformada por la elaboración secundaria, que no impide sin embargo el desarrollo de angustia.  Esto es lo que pudo pesquisar el sagaz médico que solicitó nuestra intervención.

auto

No es el paciente quien está en peligro de ser arrollado en la escena del sueño, sino … su hija. Y él aparece impedido de ayudarla.

Las asociaciones lo remiten a su propio padre. Éste, emigrado de una guerra europea, siempre quiso que viajaran juntos al país de sus orígenes. La muerte le impidió cumplir tal deseo. Fue nuestro paciente quien se decidió a viajar solo, tras la desaparición de su progenitor.  Encontró allí, para re-significar sus representaciones identificatorias, que se lo recordaba por su desempeño heroico y abnegado durante el conflicto bélico.

Ahora se angustia por hallarse inmovilizado. No poder trabajar podría significar hacer pasar privaciones a su familia. En su sueño, los restos diurnos han puesto en movimiento el desfallecimiento de su posición paterna en relación con su Ideal.

No volvió a relatar sueños angustiantes. La intervención quirúrgica se realizó sin dificultad alguna y su rehabilitación fue rápida. Poco tiempo después lo vi esperando su turno frente al Servicio de Kinesiología, ya externado y activo.

III.

Un muchacho se halla internado en Sala de Clínica por una plaquetopenia severa que marca el progreso del HIV. Ha superado – nos cuenta – sus adicciones, que velaban un período de hueca gratuidad existencial que se extendió entre los 14 y los 21 años.  A esa edad “ingresa al circuito productivo” y recorre diferentes lugares de “rehabilitación”. En uno de ellos parece haber sido decisivo el encuentro con un terapeuta, que de algún modo pudo fraguarse una posición en la transferencia, desde donde un mero pero contundente consejo de apartarse de la droga consigue que el sujeto tome una decisión en tal sentido.

Rehabilitación de drogas Mazatlán

Al ceder el momento de angustia – para él, se trata de las frecuentes e incesantes extracciones de sangre que se le practican – pasa a relatar lo que soñó la noche anterior. Abordaba una lancha de plástico en la que debía escapar.

lancha

La consistencia material de la embarcación y sus particularidades dan origen a una deriva siguiendo asociaciones que se refieren al carácter deletéreo del progreso tecnológico (tal vez, sin mencionarlos, incluye allí los elementos de su consumo) y desemboca en un recuerdo infantil. Una caída desde un bote pudo haberle costado la vida, si la rapidez de su padre para zambullirse y rescatarlo no lo hubiese impedido. Ahora, su padre vive solo. En el lapso que medió entre los 14 y los 21 años, aclara, lo mantuvo.

La enfermedad del joven se manifestó bajo la forma de un derrumbe que lo condujo al hospital ; sobrevino después de la muerte de su madre, hace muy poco tiempo.

Desaparecidos los signos de infección oportunista, se dispone a irse de la Sala. Promete volver y continuar su relato.

No regresó.

IV.

Como en una historia precedente, nos encontramos aquí con otro mito aterrador. En una Sala de Traumatología se le atribuyen a un paciente ¡ no menos de cuatro homicidios !

Se halla rodeado por una espesa custodia policial que ocupa todo el espacio del “box”. Las tres camas restantes habituales han sido retiradas. Ha sido operado – huelga decirlo – de una herida de bala recibida en el curso de un tiroteo.

¿ Acercársele será  un atrevimiento desmedido, una temeridad, un riesgo ?

No eran tantos los cadáveres acribillados. Era sólo uno y según protesta al afirmar su inocencia, no fue él quien le disparara.

Durante las entrevistas nunca carece de buen humor ; confía en su abogado, quien ha de conseguir una reducción al mínimo de su pena. Su recuperación y rehabilitación són rápidas.

Más allá, en otra cama, otro paciente es “visitado” con asiduidad por sus padres. Siempre hablan de él con diminutivos cada vez más exageradamente aniñados. Pasan por alto ciertos detalles, como las correrías de su “parvulillo”, de su “pequeñín”, quien participaba en asaltos a mano armada luego de inspirarse picos mediante.  Fue embestido por un vehículo la última vez y luego traído a la Sala. Para estos padres, todo es el resultado de las malas compañías.

La “criaturilla” pasó un período de casi un mes obnubilado, velado por un delirium antes de poder entablar un “diálogo” más o menos coherente. Se jacta de sus peripecias y desestima despectiva y campechanamente a cualquiera que intente acercársele.

Los padres revelan pronto el poderoso incentivo de aquello que en un primer momento apareciera como un sorprendente y desmesurado interés por la suerte de su hijo.  Se trata de la renta que resultará del juicio entablado al conductor que arrolló a su “chavalillo”, así como la pensión por invalidez que esperan que éste obtenga.

En Sala de Cirugía, un internado ha solicitado, él mismo, ”atención psicológica por hallarse deprimido”. Sin embargo, al acercarnos a él comprobamos que la falta de su brazo derecho o una protuberancia abdominal manifiesta no empañan su buen humor. Y éste es más intenso a medida que su relato progresa. Explica su mutilación como”accidente de caza”. Pero en otra entrevista revela los detalles de la “cacería” en cuestión. Había participado en asaltos reiterados. En el último fue sorprendido por un “cerrojo” (esto es: un tiroteo seguido por la persecución de la policía). Se trepó en el vehículo de la pandilla, pero en medio del camino le ordenó al conductor que se detuviera, pensando que un rastro de sangre alejado del lugar de los hechos podría servir de coartada. Al retomar la marcha, se produjo el encuentro. Al ver que le apuntaban, logró girar la cabeza y evitar así un disparo fatal. Luce en su cabeza una cicatriz de dimensiones llamativas. Y luego de detener su relato, se sorprende de haber llegado tan lejos: ¡ ni su mujer sabe tanto ! Aquí gira, pues, la narrativa, al pavoneo de sus andanzas amorosas, que comenzaron desde que estaba en la calle, es decir, desde los once años.

policia

Le reprocha a su madre – sólo trece años mayor que él – haberle dado tres hermanastros. Desde que tenía cuatro años no habría vuelto a ver a su padre. Él mismo habría tenido una experiencia de paternidad a los trece años.  Más tarde, el número de sus mujeres se multiplicó y se hizo incalculable.

Del padre sólo sabe que cualquier emprendimiento que llevara a cabo terminaba en la bancarrota. Y agrega que la curiosidad lo condujo a seguir a un amigo por la senda de los atracos y del dinero “fácil”. Ahora, veinticinco años después, teniendo por lo menos dos familias, con numerosa descendencia, da paternales consejos a los jóvenes, instándoles a evitar el error, para poder vivir tranquilos, a un tiempo que se queja – hablando de sus compañeros de Sala – de absorber los problemas de los demás.  Afirmación que no deja de producir sorpresa, cuando quien la avanza se encuentra mutilado, casi sin dientes (jamás acudía a un odontólogo), viva imagen – se diría – de la castración.

Tuve ocasión de entrevistarlo en una oportunidad junto a su actual mujer: una presencia casi silenciosa, ya que sus únicas palabras son yo no hablo, sea cual fuere la temática referida. Por ejemplo, cuando es cuestión de las separaciones, en el curso de las cuales él acude a otras amantes o vuelve a la casa de su madre. ¿Qué puede decir una mujer, en efecto, si se sabe que siempre se vuelve al Primer Amor?

V.

De la ”transferencia institucional” suele decirse que es ”con la institución”, y no con la figura del analista 3 .Se refieren por lo común dichos fenómenos a la fórmula freudiana de la constitución libidinosa de la masa, lo cual equivale a abordar esta formulación según su vertiente imaginaria.

La transferencia, por su parte, es transferencia de significantes, tanto los que son propios de la institución (el nombre de la misma, que puede hacer resonar un linaje, un árbol familiar, un recuerdo, etc.), como los de algún profesional que se desempeña en ella … u otro “significante cualquiera”.

Así, no es nuestro objetivo considerar “la institución en su conjunto” o hacer de ella un imaginario colectivo a la manera de la novela de Sturgeon, “Más que humano”, que tanto impresionó a algunos analistas kleiniano-rioplatenses, tal vez por proponer un efecto del tipo “la unión hace la fuerza”. Si bien alguna vez, de hecho, esto nos sucede 4, nuestra meta se ubica en el otro polo, en la medida que supone considerar la particularidad. En la interconsulta, como ya hemos mencionado, las circunstancias son difíciles y los efectos limitados. No siempre puede llegarse al síntoma desde el punto de partida de un trauma físico real. Pero si el síntoma es ya una interpretación, puede decirse que nuestra presencia ya es una oferta singular de transferencia.

Publicado originalmente en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 8 (versión revisada)

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Notas

Freud, S. – Pfister, Oskar: “Correspondencia 1909-1939” FCE, Mexico, 1966 (carta del 5-5-1910); Freud, S. – Andreas-Salome, Lou: “Correspondencia”, Siglo XXI, Mexico, 1968, (carta del 23-5-1923).

Para una revisión, en parte crítica, en parte actualizada, acerca de la transferencia, hemos consultado: Silvestre, Michel “ Le transfert dans la direction de la cure”, Ornicar, No. 30, Navarin, Paris, otoño 1984, p. 11 – 45; para un conciso resumen del recorrido de Lacan en cuanto a su puntualización: Julien, Philipe “Le retour à Freud de J. Lacan, 3e. Partie: Le transfert, Erès, Toulouse, 1986, p. 99-128.

2 Wolodarski, Diana: “Transferencia en la Urgencia” en: Seldes, Ricardo: “La urgencia “ Ricardo Vergara Ediciones, Buenos Aires, 1987, p.109.

Por ejemplo, las afirmaciones de Gregorio Baremblit: Se puede decir, en todo caso, que ha habido fenómenos de TRANSFERENCIA no ”bipersonal” y sí COLECTIVASe descubrió que los pacientes… establecían múltiples transferencias laterales con sus iguales… y también con la Organización como un todo… M. Acevedo, J. Volnovich (editores): El espacio institucional, Vol.1, Editorial Lugar, Buenos Aires, 1991

4 En una oportunidad tres miembros del Equipo asistimos conjunta y simultáneamente a una paciente eventrada. Era una preparación anatómica viviente, que nos hablaba y decía: “no tengo panza”. No es que supusiéramos que “la transferencia se diseminaría entre los tres”. Sencillamente, la angustia y el horror que nos causaba se hacían más tolerables. Véase Sturgeon, More than Human, Vintage Books, London, 1998

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