Una Unidad Sanitaria Móvil: imágenes rápidas de la tarea de un analista.

Arriba: Anuncio de la exposición de la Oficina Proyectista en el Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires

Una revista humorística tomó en solfa, una vez, a los universitarios, titulando una doble página de historietas, “Vino de UBA”. El cuadro final presentaba a dos psicólogas: ambas con su “uniforme”: designer´s jeans de moda y típica carpeta de Facultad, en pleno “trabajo de campo” , salen de una precaria vivienda en la que una muy numerosa familia vive hacinada. Ya fuera de la casilla, una le dice a la otra: No sé; lo mejor que pude hacer es recomendarles que hicieran una terapia de pareja, viste… Buena advertencia para quien se aventure por el camino de las extensiones del análisis; ¿cuántas veces habremos de caer en la tentación de reiterar la muy universitaria escena?

DSCN0669

De la villa Barrio Rivadavia a la villa 31, del barrio Mitre a la villa Zavaleta, el trailer sanitario sigue un tortuoso recorrido por las zonas más oscuras y carenciadas de los “cien barrios porteños” , deambular en el que en contadas ocasiones se vuelve al mismo sitio. Hacemos coincidir con esta reducción temporal, el carácter de “urgencia” de la tarea; como Winnicott en sus therapeutic consultations 1, se sabe por anticipado que todo el trabajo debe ser realizado en una única entrevista. Pero no se cuenta con su confortable consultorio del Paddington Green Hospital: como el clínico, el ginecólogo y el oftalmólogo ocupan todos y cada uno de los espacios cubiertos, al psi sólo le queda colocar dos sillas sobre una calle de tierra para crear, como Maxwell Smart, su “cono de silencio”… Como se ve, el pequeño hospital móvil reproduce de modo reducido y en un terreno bien diferente, las condiciones -y las fisuras- de una institución pública: la consulta “espontánea” , y la interconsulta o derivación por parte de los demás profesionales. En ambos frentes, las posibilidades no siempre se dan por mera comparecencia: se requiere un trabajo sostenido con aquéllos, por un lado, y de entrar en contacto con los centros locales por el otro. Urgencia social, urgencia subjetiva, – distingue Hugo Freda 2. La primera, para los territorios en que nos movemos, es evidente. Sólo que la “sociedad” tiene mecanismos para que tal urgencia permanezca tan encubierta y desconocida como el nombre o mote que se le ha dado a una de las tantas “villas” que recorrimos: “Ciudad Oculta”. A veces, la presencia y desempeño de los integrantes de la Unidad Sanitaria la ponen de manifiesto, descubriendo la herida; más de una vez, acaso, puede ser una frágil oportunidad de pasar a la exigencia de aparición de un sujeto.

-Una madre adoptiva se queja de que en el Hospital más cercano la han colocado en lista de espera, anticipándole que deberá esperar al menos tres meses para que su hijo, de once años, pueda ser atendido. La maestra le exige que comience un tratamiento de inmediato, ya que el niño suele pelearse con sus compañeros. La madre sabe que debe revelarle la verdad de su filiación, pero su titubeo, encubierto por el temor ante las supuestas -aunque aún desconocidas- consecuencias del develamiento, indica el lugar del síntoma. El niño, tras hablar de sus peleas en las que se juega acaso su vacilante sostén identificatorio, se echa a llorar. Algo le falta: entre sus lágrimas, comienza a hablar de su tío, fallecido hace no más de un mes: la madre, en su relato, había omitido toda mención del hecho. -Un “remisero” acude solicitando ser atendido, aunque no puede precisar para qué ni por quién (por lo que el personal auxiliar de la Unidad me lo presenta, dada nuestra consuetudinaria función de depósito, que embellecemos apenas, llamándola disponibilidad). Ex-combatiente de Malvinas, le causa inquietud la difícil convivencia en la “villa” , en la que observa el tráfico de drogas y cuerpos tendidos en las calles como hechos cotidianos. Su mujer ha admitido en su vivienda a un sobrino de dieciséis años procedente de una provincia distante; él no puede imponerle regresar ni logra convencer a su mujer. Evalúa la posibilidad de separarse.


-Una mujer procedente de un país limítrofe expone una cadena de episodios infelices, que la llevan a creer que algún maleficio interfiere con su vida: de verse obligada a vivir en la “villa”, a sufrir los asaltos reiterados al quiosco que atiende como medio de subsistencia, hasta los robos y ataques a la camioneta de su marido, que lo llevan a tener que guardarla a gran distancia. Aún así, no la ha podido sustraer a la destrucción por parte de sus no identificados enemigos. -La tía de un niño de cinco años no sabe qué hacer con él; ambos padres, cada uno por su lado, se hallan en prisión por consumo y tráfico de drogas. -Un niño de siete años le grita e intenta pegar a su madre, de 34, soltera, procedente del interior. Hace dos años se halla en pareja, y el cambio percibido en su hijo data del mismo momento (aunque siempre lo notó rebelde, no le daba importancia ya que lo veía demasiado pequeño). No tiene problemas en el colegio, sin embargo. Ella trabaja como empleada doméstica, y lo deja al cuidado de un matrimonio vecino durante el día. Tiene el mismo nombre que el padre, a quien la madre no ha querido volver a ver desde el momento en que quedó embarazada, previendo que él no se haría cargo. También se ha distanciado de su propia madre y de sus hermanos. Le ha contado al niño acerca de su padre, ya que su intención era decirle la verdad. Pero ha omitido el motivo de la separación, asegurándole que lo sabrá en el futuro, cuando se halle en condiciones de comprender. -Un paterfamilias ampliamente respetado en la “villa” , como indiscutido jefe de manzana, me confía a uno de sus muy numerosos hijos, de dieciséis años, que siempre se queja de problemas en la vista. Al suceder en el momento en que el oftalmólogo ya se ha retirado, le propongo concurrir al día siguiente al Hospital. Allí, en el servicio de oftalmología, se descubre un edema de papila que es necesario estudiar (podría tratarse de una masa ocupante intracraneana). El clínico al que lo conduzco, pesquisa en el interrogatorio la existencia de un testículo no descendido, que confirma el urólogo que lo examina en una visita ulterior; la indicación es quirúrgica, por la posibilidad de malignización. El muchacho parece abandonado a su suerte: ningún miembro de la familia se manifiesta seriamente preocupado por su descuidada salud. Contra su aparente indiferencia o incomprensión se estrellan las comunicaciones, pronósticos o indicaciones de los médicos. -En las inmediaciones de un pequeño centro sanitario, situado en un extremo de la “villa”, una mujer de cincuenta años tiene un desvanecimiento: es rodeada de inmediato por algunas vecinas, que la sostienen durante su ataque de nervios, y la conducen hasta su vivienda, en una de las manzanas interiores. La entrevista tiene lugar allí: una doble puerta de rejas custodia a la familia y sus varios electrodomésticos. El hijo ha estado en numerosos centros de rehabilitación para adictos (menciona la permanente exposición al cotidiano narcotráfico de la villa), y la familia tiene dificultades para hacer posible que se realicen los estudios necesarios -es enfermo de linfoma de Hodgkin- y conseguir la quimioterapia adecuada. -Una mujer de cincuenta años, con evidente sobrepeso, es derivada por la médica clínica, ya que en la consulta no deja de relacionar sus episodios de hipertensión arterial y brotes de psoriasis con la angustia que siente por su distanciamiento con respecto a su hija (de veinticinco años). En efecto, ignora su paradero, luego de que ésta, hace ocho meses, tomara a la letra la admonición del padre: desaparecé. Contínuas batallas domésticas desencadenaron tal resultado: la mujer relata que su hija la golpeaba, luego de gritarle una y otra vez cuando intentaba ponerle límites. Sospecha que anda con malas compañías. Podría hasta consumir drogas, hecho de observación cotidiana en el barrio, en el que ve a los muchachos sentados en las calles inyectándose. Le llegan protestas – a las que no piensa responder – de propietarios a quienes su hija, inquilina prófuga, ha destrozado los respectivos inmuebles en sus sucesivos traslados. En cambio, su hijo es un sol: todos lo quieren. También su hija lo era, hasta el gran cambio que tuvo a los diecisiete. Tras una pausa y algunos titubeos, se decide a relatar algo acerca de su relación con su marido, impotente desde hace veinte años. Él jamás ha querido tratarse, negándose a toda consulta, aún arrastrado hasta la puerta de un consultorio. Ella afirma que su religión le impide considerar la posibilidad de separarse tanto como la de serle infiel. Es el suyo, por lo tanto, un sacrificio cuyo premio habrá de ser la bienaventuranza. Y agrega que estas condiciones son las que su hija no quiere aceptar, y que le recrimina. Pero como es maestra de catequesis, encuentra alivio con sus pequeños alumnos. -Un niño de tres años, derivado por la pediatra de la Unidad, aún no habla, y sólo posee dos o tres monosílabos. Compruebo que comprende lo que se le dice. No asiste a jardín maternal: la madre, oriunda de un país limítrofe, lo dejó un año y medio al cuidado de la abuela, mientras regresaba a su lugar de origen para trabajar, volviendo al cabo de dicho lapso.


-Un bracero chaqueño trasplantado a la Capital ha conseguido desempeñarse como voluntario en la limpieza de un comedor comunitario. El trabajo no es remunerado – tal vez, como se verá, representa una insistencia repetitiva – , y lo mantiene su mujer, empleada doméstica. Ha estado en prisión por sendos episodios de seria agresión a individuos que lo buscaban. Si bien el padre – quien lo crió, junto con sus hermanos, ya que la madre huyó del hogar -le pegaba duramente cada vez que pretendía salir a jugar con otros chicos, no deja de sostener que era una muy buena persona, único modo, tal vez,de sostener un Ideal de referencia propiciatoria en medio de la desolación (de la misma manera, la prisión es positivizada, acaso como lugar de contención y resguardo).

Tal vez podamos situar aquí una diferencia con el psicológico proceder de la historieta, cuyo objetivo es homogeneizar, crear unidades mayores (terapia de pareja, de familia) y proponerse así alcanzar, a su término utópico, a “la sociedad” : nuestro esfuerzo de sentido contrario, en delimitar y hacer surgir, a través de las pequeñas o medianas historias que hemos relatado, un destino singular en cada una de ellas 3. La urgencia, en el habitual sentido del término, puede haber quedado atrás en el momento en que nuestra intervención, dependiente de la palabra, comienza 4. A partir de sus fragmentos a veces se logra la enunciación de una demanda, que aún destinada a volver a hundirse y desaparecer en la “ciudad oculta” , no exige menos reconocimiento. 3/98

Publicado en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 13

movil

________________

2 Winnicott, D. W. Therapeutic Consultations in Child Psychiatry. Basic Books, New York, 1971.

3 Freda, H. Plenario de cierre, en: Psicopatología de la Urgencia, 1ras. Jornadas Hospital Juan A. Fernández, Surge Ediciones, Buenos Aires, 1996.

4 estar allí, dispuestos a sujetar a esos objetos caídos quién sabe de que escena es la formulación (¿acaso hiperbólica?), del grupo de trabajo sobre las Urgencias del HIAG “Evita” de Lanús: ver Seldes, R. La Urgencia, Ricardo Vergara Ediciones, 1988, p. 104. El equipo de psiquiatría social que funcionó en dicho hospital hasta 1976 desarrollaba su tarea en villa Jardín. Su carácter de trabajo sostenido en el mismo sitio permitía una diferente lectura de los efectos que generaba.

5 Beiga, M. C. , Criscaut, J. J. , Dileo, D. , Neuburger, R. , Skef, M. , Vicente, M. , Walsh, M. C. , El Equipo de Interconsulta frente a la Urgencia, Contexto en Psicoanálisis Nº 1, Editorial de la Campana, La Plata, 1996. Hemos comenzado con una historieta; finalicemos con otra: Mafalda se acerca a unos obreros que trabajan en un hueco abierto en la calle, para preguntarles: ¿Buscando las raíces de lo nacional? No, nena -es la respuesta- , un escape de gas. Como siempre -dice ella mientras se aleja- , lo urgente no da tiempo para lo importante.

2 thoughts on “Una Unidad Sanitaria Móvil: imágenes rápidas de la tarea de un analista.

  1. “…se logra la enunciación de una demanda, que aún destinada a volver a hundirse y desaparecer en la “ciudad oculta” , no exige menos reconocimiento…” ¿De que reconocimiento se trata si se vuelve a hundir? ¿Renegación en juego?

    • Ante todo, ¡muchas gracias por leer mi artículo y por el comentario!
      Dado que se trata de una intervención única (la Unidad llega al sitio y es poco probable que regrese antes de un lapso menor de un mes, o tal vez mucho más), tampoco es posible dar una continuidad inmediata a la tarea (a menos que pueda establecerse condiciones sumamente favorables, lo que rara vez sucede). Es una expectativa situada tal vez más del lado del practicante que del sujeto que enuncia su demanda: que el “reconocimiento” mencionado fuera capaz de dejar al menos un significante que opere (aunque el efecto no pueda ser verificado a posteriori).
      “Renegación”, término con el que Ballesteros tradujera la “Verleugnung” freudiana (Etcheverry aplicó “desmentida”, acaso más literal ya que “Lüge”, sustantivo derivado del verbo “leugnen” es mentira) parece un poco drástico. Sin embargo, creo que la negación como defensa, en el medio carenciado que comentamos, es una forma de supervivencia necesaria.
      Tengo la esperanza de que estemos apenas al comienzo de un intercambio enriquecedor…
      Roberto

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s